Niño Cohete: El año del despegue

En sólo 12 meses, Niño Cohete le dio el empuje definitivo a su incipiente y prolífica carrera. Lo que comenzaron recluidos en una cabaña para grabar nueva música, lo terminaron con un gran disco entre manos y como uno de los buenos créditos locales confirmados para uno de los festivales más importantes del mundo. Ahora sólo les queda ver los resultados del trabajo de su mejor año.

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Una cabaña a orillas del lago Lanalhue. Ese fue el lugar elegido por la banda penquista Niño Cohete para registrar en soledad el que sería su primer largaduración. Ahí, aislados de todo, grabaron las doce canciones que dieron forma a “Aves de Chile”, el álbum que los terminó por transformar en una de las principales figuras musicales del país en 2013.

Ahora, meses después en un parque santiaguino, el vocalista Pablo Álvarez analiza los factores que motivaron el particular proceso. “Desde que nació la idea de hacer un disco estaba la posibilidad de hacerlo de la manera convencional, que era ir a un estudio, y estaba esta otra manera que se nos ocurrió, que implicaba irnos a un lugar tranquilo y natural en el sur, donde pudiéramos estar viviendo juntos y plasmar ese ambiente”, recuerda. Y agrega: “esa era la manera en que queríamos hacerlo y en la que nos íbamos a sentir más cómodos”.

Pero el plan comenzó con un paso en falso. Pese a que en 2012 debutaron con un excelente EP que dio las primeras muestras de su capacidad y cimentó las bases del éxito de una nueva camada de bandas de Concepción reunidas bajo el alero del sello Beast Discos, el grupo no consiguió adjudicarse fondos estatales, lo que dejó en pie incierto el proyecto. “Pero íbamos a hacer el disco igual, así que ahí vimos la manera y decidimos seguir con la misma idea aunque no haya salido el fondart”, recalca Álvarez.

Cargando con lo positivo y lo negativo, el quinteto que completan Matías Pereira (guitarra), Pablo Vidal (contrabajo/bajo eléctrico), Cristián Dippel (teclados) y Joaquín Cárcamo (batería) continuó el camino que se había trazado y destinó toda la primera parte del año pasado a dar el salto y desarrollar un trabajo completo, que traería varias sorpresas y cambios en contraste a lo que venían haciendo.

AVES DE CHILE: VUELO EN COMUNIDAD

Cuando fue lanzado en Enero de 2012, el homónimo EP con el que Niño Cohete debutó llamó la atención por su frescura. De un agradable sonido cercano al folk y unas letras llamativas e imaginativas, sus cuatro canciones parecían una declaración de principios en la que, consciente de su procedencia, el grupo se desmarcaba del pop de raíz electrónica que seguía creciendo en ese tiempo para situarse de lleno con una propuesta mucho más propia. Sin embargo, ellos se lo toman con más liviandad. “Para nosotros, el EP era sólo un registro de lo que estábamos haciendo en ese entonces”, confiesa Pablo Vidal, dando cuenta del objetivo que la banda tenía con su primer material. Por eso, el registro del largaduración debía ser distinto y, por supuesto, mucho mejor.

Junto al ya comentado viaje al lago Lanalhue el grupo jugó otra carta determinante, que cambió definitivamente su rumbo sonoro. Motivados por la admiración que les despertaba su música, decidieron contactar a Fernando Milagros para que –junto a Juan Pablo Bello- colaborara en la producción del nuevo álbum. “A diferencia del EP, el disco tuvo mucha más pega de producción. Queríamos tener una visión externa y cambiar un poco lo que veníamos haciendo, por eso buscamos al Fernando”, analiza el vocalista. “Fue súper importante el cómo nos recibió él cuando fuimos a buscarlo, porque lo contactamos por mail, pero cuando nos recibió humanamente fue súper receptivo y entusiasta. Se motivó personalmente y eso nos hizo ver que quería trabajar con nosotros”, complementa Vidal.

En efecto, la relación con el productor resultaba tan relevante porque el plan contemplaba recluirse por dos semanas en la cabaña del lago todos juntos; banda y técnicos. Comidas, labores domésticas y trabajo en estudio se repartieron como si de una familia se tratase, lo que también influyó en el resultado final. “Estábamos todos trabajando por lo que estaba haciendo uno. Como ‘todos para uno’. Eso era lo que había que hacer. Todo teníamos que solucionarlo”, recuerda el tecladista Cristián Dippel. “Además, por la misma manera en la que hacemos las cosas nosotros era importante que sintiéramos que la persona con la que trabajáramos se pudiera unir al equipo y pudiera viajar con nosotros, estar ahí, convivir. No era sólo un productor que estaba ahí, teníamos que vivir con él dos semanas”, analiza por su parte Matías Pereira, guitarrista del grupo.

Aunque en lo técnico también hubo cambios significativos. Además de una mejora evidente en términos de producción, también hubo un quiebre relacionado directamente con los instrumentos. Si las canciones del EP estaban en buena parte guiadas por las melodías del acordeón, ahora ese elemento se suprimió por completo en favor de los sintetizadores, en una decisión que en su justa medida, fue motivada por Milagros. A partir de eso, la banda se aventuró a experimentar en el sonido, dando espacio a nuevas texturas, estructuras y sonidos atmosféricos.

“Partimos de la idea de querer agregarle cosas nuevas y experimentar con sonoridades e instrumentos”, manifiesta Pereira. Y Pablo Vidal agrega: “Fernando (Milagros) ayudó a moldearlo, pero eso venía de antes. Ya tocando en vivo, sobre todo con la inclusión de los teclados con Cristián Dippel, estábamos usando capas y cosas como atmósferas. Se potenció más eso, básicamente”. “Eso salía más naturalmente que imitar el sonido con el que se había grabado el EP. Creo que el resultado era mejor. Además, las decisiones de qué cosas sonaban las habíamos tomado antes, pero el sonido exacto se fue moldeando con Fernando. Cosas más técnicas”, concluye el tecladista.

Con el sonido resuelto, la banda puso su atención en las letras. Al igual que en la instrumentación, el quinteto se abrió a experimentar en lo lírico con el fin de lograr plena sintonía entre ambos elementos. “Hubo mucha preocupación en que al escuchar la canción se pudiera viajar, vivir el disco de una manera que no sea sólo escucharlo, sino que permita estar inmerso en este mundo”, resume pertinentemente el guitarrista. Precisamente con ese objetivo, el grupo siguió con su sana preocupación por lo extra musical y dejaron el arte del álbum en manos de Jorge Ruiz y Macarena Toro, logrando un resultado excepcional que complementa el sonido con lo visual.

LOLLAPALOOZA: CONSAGRACIÓN DE UN GRAN AÑO

Ya con el trabajo editado, la banda se dispuso a promocionarlo y volver a los escenarios. Aunque no habían tocado en vivo en todo el año, no perdieron vigencia y fijaron conciertos en Concepción, Los Ángeles y Santiago para lanzar el álbum y presentar su nueva propuesta en vivo, que sufrió varios cambios con la intención de replicar de buena forma el sonido en estudio de Aves de Chile. Pero lo más llamativo estaba por venir. A sólo días de la salida del cartel de la edición 2014 de Lollapalooza Chile, la producción a cargo los contactó para sumarlos al line up del evento que se desarrollará los próximos 29 y 30 de marzo en el Parque O’Higgins.

“La gestión fue súper de cuando ellos estaban cerrando”, apunta Vidal, a lo que Matías Pereira agrega: “básicamente, una vez que tuvimos el disco en nuestras manos nos dedicamos a distribuirlo y llevárselo a la mayor cantidad de gente posible dentro del medio. Ahí llegamos a Lotus y les gustó”.

¿Qué significa para ustedes tener la posibilidad de tocar en este festival?

Pablo Vidal: Para nosotros es súper importante. Creemos que va a haber mucha gente que nos va a poder escuchar por primera vez.

Cristián Dippel: De hecho hay gente que nos ha conocido por haber visto el afiche únicamente. Para la manera en que trabajamos nosotros, haciéndolo todo desde lejos, es súper positivo.

Pablo Vidal: También es importante porque valida el trabajo que nosotros venimos haciendo, más aun considerando que lo hacemos todo desde Concepción. Que te llamen a este festival, que es súper centralista dentro de todo, y que aparezcas en el afiche con bandas como Red Hot Chili Peppers, Arcade Fire y New Order, valida un poco la manera en que decidimos trabajar. A nosotros nos pone en la posición de seguir trabajando de esa forma; que es como nosotros pensamos que se puede aportar, no siguiendo el camino regular.

Aunque es uno de los puntos más altos en la corta e intensa trayectoria de la banda, este importante concierto es sólo la confirmación del buen trabajo que vienen realizando desde el estreno de su primer single a fines de 2011. Ahora, con un EP, un largaduración y un importante número de seguidores en sus registros, Niño Cohete se alista para seguir el particular camino que ellos mismos se han dedicado a trazar. 2013 fue el despegue, lo mejor está por llegar.

Foto: Carola Josefa Aravena


Periodista. Director de Melómanos Magazine (@ignaciosilvva).

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