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Martín Pescador: El triunfo de la constancia

Martín Pescador: El triunfo de la constancia

Una mesa en el fondo de la Schopería Munich y Ariel Acosta ,el cantante y guitarrista tras el proyecto Martín Pescador, pide una coca cola. Luce tranquilo, pese a los desafíos de manejar una vida dividida entre su trabajo en una editorial y ser músico.

Luce tranquilo pues su nuevo disco “Un Fulgor” (2014, Cápsula Discos) ha sido bien recibido por la crítica (puesto 4 de los mejores discos nacionales del 2014 en nuestro ranking). Luce tranquilo con su sonrisa fácil, pero tímida. Y la coca cola aún no llega.

¿En qué momento de tu carrera te encuentra “Un Fulgor”?

Estoy en un período en que estoy haciendo cosas nuevas. Además estoy tratando de dejar atrás todas las canciones que pertenecen a un período que es desde que saqué el primer disco, hasta ahora, aunque hay mucho reciclado. Varias de estas canciones quedaron fuera del disco anterior, y con el paso del tiempo las empecé a arreglar de otra forma. También escuché más música entre medio.

El proyecto Martín Pescador debutó en formato larga duración en 2012 con el disco “Somos los mapas”. Pero Ariel no se detuvo. El 2013 la banda Baikonur, en la que toca la batería, lanzó su debut titulado “¿Quién vigila al hombre cansado?”. Ese trabajo, curiosamente, tuvo un efecto en el desarrollo de “Un Fulgor”, disco grabado entre Enero y Junio de 2014 en estudio Audiocustom.

“Me demoré un poco en sacar el segundo disco porque estoy tocando en otra banda [la ya citada Baikonur]. Y ya sentí que llegó el momento de otro disco. Nos estábamos juntando mucho a ensayar canciones en vivo, en vez de juntarnos a arreglar. Se atrasó por eso”. Es que ante todo, Martín Pescador es el fruto de la constancia.

Me decías que escuchaste más música en el camino ¿cuánto de eso se puede oír en el disco?

-En el primer disco era todo más canción folk, y ahora tenía ganas de meter algo más ligado a la música instrumental, como Mogwai. Es música que escuchaba desde hace tiempo, pero que no la había integrado al 100%. Ahora me atreví a meterle más cosas de banda y eso se ve reflejado hacia donde apuntó, que tiene harto ruido, como bien ambiental.

En cortes como la intensa instrumental ‘Llueve en Puelo’ o en la arrasadora ‘Vendaval’, puede oírse lo que hace especial al disco: el elegante equilibrio entre las atmósferas ruidistas y la simpleza acústica:

‘Vendaval’, es una canción que me llamó mucho la atención y tiene ese sonido de atmósfera, con harto ruido quizás hasta un poco shoegaze.

Ese tema originalmente lo tocaba con pura guitarra. Pero uno elige para donde lo quieres llevar al final, cuando tienes todos los elementos y quieres grabar con sonido de banda. Por eso este disco es claramente un reflejo de lo que me gusta escuchar ahora. Es un poco más rockero, más arriesgado. En este momento me gusta más que el anterior.

En el disco también está presente el banjo ¿qué te da ese instrumento que no te dé otro? ¿Por qué no, por ejemplo, el charango?

¡El charango! Qué buena comparación, pues el charango nunca me ha gustado como timbre, porque nunca me ha gustado el timbre de los instrumentos con cuerdas doble. Pero me gusta mucho el timbre del banjo. Me gusta que es crudo, como seco y que es muy folk. Además encuentro que suena bien el contraste entre lo más atmosférico y estas cosas que te tiran un poco al suelo el sonido, que no sea tan volátil.

EL FACTOR HUMANO

Hay otro elemento interesante en el álbum: el factor humano. Es que las voces de Karime Grez se lucen, generan atmósferas y combinan muy bien con la voz de Ariel. Todo eso a la vez. Eso se piensa al poner atención a cortes como ‘De la noche a la mañana’ o ‘Tiempo retrocediendo’.

“En el primer disco cantó Mariana Gonzalez, una amiga mía, pero que se fue de la banda antes que saliera ese álbum. Después se integró la Karime, tocó en el lanzamiento del primer disco, sacó las otras voces, las cantó y ha estado con nosotros hasta ahora”.

Al momento de componer, Ariel prefiere la intimidad. Sentarse en su cuarto y armar una canción en la guitarra: “me gusta mucho procurar que la canción funcione por sí misma: que funcione con guitarra y voz como con el resto de los instrumentos”. Luego, piensa, imagina la forma en que podría arreglar la composición. Siempre es así.

“Además estoy trabajando con un guitarrista que es seco”, cuenta. “Entonces hablamos el mismo lenguaje y se direcciona prácticamente solo. Después de eso ya armamos con banda y todo”.

El guitarrista seco es Arturo Ríos, el otro factor humano clave en Martín Pescador: en el disco toca las guitarras, el banjo, percusiones, y es responsable de impecables arreglos de cuerdas. En las presentaciones toca la guitarra eléctrica con elegancia. Completan la banda Daniel Guzmán en el bajo y la ya mencionada Karime Grez.

DE NATURALEZA SENTIMENTAL

”Las naves agitan el mar/ las aves se comen la sal/ las velas bailando al compas del vendaval” canta Ariel en ‘Vendaval’. Ese texto resume en parte la lírica del disco: la desesperanza resuelta en escape de la urbe, así como en referencias a imágenes de la naturaleza. A lo incontrolable de la naturaleza.

“A mí me gusta harto todo lo que tiene que ver con estar fuera de la ciudad. A lo mejor se refleja eso en las canciones. Me gusta harto la naturaleza. Me gusta harto el mar. Me gusta harto viajar. Creo que acá uno está enajenado de lo que te rodea, de las cosas naturales, que de repente son súper poderosas, como el mar, o el clima”.

Esas imágenes de la naturaleza también son para Ariel pequeñas metáforas sobre los sentimientos humanos:

“Tiendo a tomar las cosas bien en serio en la vida, entonces cuando me pasan cosas, tienen un impacto profundo. Por eso cuando escribo sobre eso, tiendo a asociarlas con los rayos, la lluvia, el mar. No tienes control sobre ese tipo de cosas, de la misma forma que uno no controla los sentimientos muchas veces…”

¿Por eso “Tiempo retrocediendo”?

 (Ríe) Yo me he dado cuenta que soy medio nostálgico; tiendo a anhelar esa sensación de momentos bacanes. Esa canción está inspirada en un viaje al cajón del Maipo con la familia; es como estar ahí en los cerritos, elevando volantines, como viendo todo. Volver, retroceder, sin nada más que recordar. Nada más.

Además de esas obsesiones personales en las letras ¿hay otro tipo de influencias culturales, como libros?

Así como de libros, me gusta harto Julio Cortázar.

Los cuentos del escritor argentino son los favoritos de Ariel: de “Historias de Cronopios y Famas” a “Bestiario”. Entre los escritores chilenos sus preferidos están entre la introspección de Jorge Teillier, la inquietud de Vicente Huidobro o el temperamento de Pablo De Rokha.

CÁPSULA

“Cápsula fue un azar”, cuenta Ariel cuando se le pregunta por su llegada al sello que editó “Un Fulgor”. Resultó que tocando, conoció a gente como la cantautora Natisú, quien trabajaba con Felipe Cadenasso (Matorral), uno de los directores del sello.

“A través de esa buena onda que hubo entre las bandas, empezamos a ir a tocatas y así surgió la idea de tratar de revivir un poco el sello que estaba como un poco alicaído de producción. Cápsula funciona más como un colectivo, en el sentido que hacen cosas juntos: armar tocatas, postular a fondos y cosas por el estilo. Pero también cada uno hace su pega”.

Cápsula es también un segundo paso en la ruta de la independencia para Martin Pescador. “Somos los Mapas”, el disco debut, fue editado por el sello LeRockPsicophonique, de Rodrigo Jarque.

“Yo creo que la ventaja más grande es rodearte de gente que está en la misma que tú”, reflexiona Ariel mientras vuelve a llenar el vaso con coca cola. “Batallar solo es más complicado, en realidad. En este caso me he rodeado de gente que es súper talentosa y son súper motivados. Me gusta mucho el profesionalismo de la gente con la que trabajo; todo se lo toman súper en serio”. Todo súper bien.

UN DISCO A UN PLASMA

“La doble vida es un tema súper complicado. La realidad de la música chilena es que solo el 1% logra parar la olla con esto”. Ariel es certero. Además de músico, él trabaja en una editorial dedicada a los textos escolares. Es que vivir solo de la música en Chile es realmente difícil. Ese desafío también lo enfrentó con “Un fulgor”.

“Es complicado porque para generar música tienes que gastarte la plata de tu sueldo en otra cosa para poder surgir, y eso es lo que le pasa a la mayoría creo yo. Es súper complicado si no tienes ayuda del Fondart o algo. Pero al mismo tiempo es una decisión, o sea podría tener un auto, podría tener un plasma gigante, pero prefiero tener un disco”.

¿Qué implicancias tuvo esta doble vida en la grabación del disco?

Siempre es complicado por los horarios. Gestionar un disco con todo lo que toma no solo grabar, sino mezclar, masterizar, gestionar el arte, y la promoción. Empezar a hacerlo después de la pega tipo 6 de la tarde… ¡como que te absorbe la vida! Estás trabajando como 20 horas diarias y tiene su costo en todos los aspectos. El tema es lograr hacer coincidir las agendas y grabar. Me demoré mucho más de lo que debía en grabar este disco”.

Afortunadamente, Ariel toca muchos instrumentos. Esa facilidad le permitió grabar prácticamente solo su primer álbum. Para “Un Fulgor” tuvo la ayuda de Arturo Ríos y los otros integrantes de la banda.

“Uno mientras más busca, tarde o temprano rinde sus frutos”, dice un Ariel muy convencido. Y no suena a cliché, suena a la vida misma.

“Lo que sí se debe tener claro es que el camino es muy largo. No podís pensar que vai a romperla, así como la rompían las bandas de los 90’. Por ejemplo, hay caleta de músicos independientes que llevan años tocando y recién ahora han visto los frutos. Por ejemplo Javier Barría, que tiene como 8 discos, o Manuel García que tocaba como desde los 90, logró romperla y tener un producto bien afiatado pasado sus 40 años. Entonces es complicado”.

Pese a todo “Un Fulgor” es parte importante de ese camino largo. Presenta un proyecto que se oye más afiatado y convencido de su camino. Como si en cada hora en la habitación, o en el estudio, o en la oficina de la editorial, estuviese la clave para madurar la propuesta. Al final, la demora le hizo mejor. La constancia hizo crecer a Martin Pescador.

Foto: Facebook Martín Pescador


Ama tanto los días de sol, como los discos que se los recuerden. Melómano devoto, escritor de baño público y guitarrista. La música no se mancha.

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