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Tenemos Explosivos: El corazón de la virgen

Tenemos Explosivos: El corazón de la virgen

El Bar Uno. Tenemos Explosivos está en el escenario presentando las canciones de su nuevo disco. Una de ellas aún no tiene título. Pero al momento de tocarla, a Eduardo Pavez, el vocalista, le vienen de pronto las palabras que buscaba: “esta canción se llama ‘La Virgen de los Mataderos’”. El público responde con un sonoro “ooohhh” que concentra sorpresa y admiración a la vez. Eduardo sonríe, sabe que el título es bueno. Rato después, al terminar la actuación, René Sánchez, uno de los guitarristas de la banda le sugiere a Eduardo: “¿No debiera llamarse “La Virgen de los Mataderos” el disco?”. “Tienes toda la razón”, respondió.

El disco que salió en abril del este año pasó a llamarse “La Virgen de los Mataderos”, y es el segundo de la banda. La canción sin título finalmente fue nombrada ‘Joan desteje de noche’ y cierra el álbum.

Sin embargo, sacar ese disco no fue fácil, pues Tenemos Explosivos debió sortear una dificultad: la partida de Pavez para establecerse en Berlín, Alemania. La banda probó a otros vocalistas, pero finalmente optaron por seguir trabajando a distancia junto a él.

Para conversar sobre el álbum, Melómanos Magazine entrevistó a Eduardo Pavez y Juan José Sánchez, el otro guitarrista de la banda que completan Álvaro Urrea en bajo, Matías Acuña en batería, y el ya mencionado René Manuel Sánchez, el hermano de Juan José, en guitarra.

¿Cómo se trabajó el disco, pese a la dificultad de la distancia?

Juan José: Habíamos hecho un demo con todas las canciones, y se las enviamos a Eduardo. Así nos evitábamos sorpresas de cosas que no nos gustaran o no estuvieran tan bien, y así Eduardo se soltaba más y aprendía las canciones.

Eduardo: En Berlín grabé los temas en mi casa con un micrófono encerrado como en el baño para pasarles las versiones del demo. Pero la versión definitiva fue grabada en Mowat (el estudio de Fernando “Mowat” Mujica, productor chileno radicado en Alemania). Después Mowat hizo la mezcla y se fue de vuelta para Santiago. De ahí lo enviamos a Mastering service en Chicago para masterizar. Fue el mismo estudio donde masterizamos el “Derrumbe y celebración” (primer disco de la banda).

El disco fue masterizado en Chicago por Matthew Barnhart. La banda quería que ese trabajo fuese hecho por Bob Weston quien masterizó el álbum debut, pero “monetariamente estábamos mal”, comenta Juan José. “Entonces nos fuimos por Matthew que era el ingeniero en práctica del estudio y el tipo hizo un trabajo impecable: cuando se estaba haciendo el master de donde se hacen todos los vinilos, el tipo nos grababa con su teléfono, nos mandaba mails. No, el loco es un bacán”.

Sobre las letras del disco, llaman la atención ciertas referencias a la historia y acontecimientos que no pasaron en Chile: la mitología griega, la guerra civil española. ¿Se trata de ampliar temas o es más bien una preferencia personal?

Eduardo: Creo que es un paso en una dirección con un olor similar al que había ocurrido en “Derrumbe”. Ahí también hay referencias a mitología griega, a otros elementos de la historia que no son necesariamente Chile, pero acá la intención era unirlo a una narrativa general. También tiene que ver con el proceso de escritura de las letras: en “Derrumbe” era tema por tema, pero en este segundo disco ¡me llegó el disco entero! Entonces dije “tengo que hacer una imagen índice de todo este cuerpo de trabajo y empezar a trabajar las letras desde ahí”, por eso el disco tiene como imágenes índice que se repiten constantemente en las canciones, que vuelven a un campo temático común.

¿Cuál es ese campo temático?

Eduardo: Hay una historia detrás del disco, para mí, y a la vez hay una historia en el disco, en las formas. La forma y el corazón eran dos instancias distintas. En la forma externa, la emoción tiene que ver con la pérdida; tiene que ver con elementos de guerra, elementos de muerte injusta. Padres que lloran a sus hijos, hijos que lloran a sus padres; tiene que ver con la familia. Y por otra parte, el corazón del disco tiene que ver con el viaje, para mí eso es la imagen índice.

Juan José: Un viaje como obligado.

¿Tiene que ver también con tu situación, Eduardo? El hecho de vivir afuera.

Eduardo: Claro, y también es una historia con la que estoy obsesionado hace muchos años. Son ciertos mitos que me obsesionan, mitos que tienen que ver con el viaje, y los he trabajado por muchos años por diferentes vías. Es un exilio, un viaje que no es voluntario. Es una pérdida. Y que se encuentra en una tensión, una comunicación con el otro. Por eso hay una radio en el disco.

¿Es como un álbum conceptual?

Eduardo: No sabría definir lo que es un álbum conceptual, pero es un álbum que tiene un corazón.

Juan José: Hay varias frases que se repiten en los temas, de hecho hay uno en que se repiten las frases de todos los temas que unen a todas las canciones.

“Viva la guerra”, de Standstill, fue un disco clave para articular esa propuesta. No en cuanto al tema, sino a la forma: “en ese disco pasa que se repite una frase al principio y en el final del disco” explica Juan José. “Estábamos rallando con eso, cuando estábamos haciendo el “Derrumbe” incluso, estaba buena la idea de agarrar un concepto”.

“Y si te fijas, la virgen y el matadero se repiten un par de veces en el disco. Eso encierra todo el concepto” remarca el guitarrista enfatizando sus palabras con un ligero gesto de su mano derecha.

“La virgen de los mataderos” fue grabado en Estudios Gitano y en la producción estuvo Matías Figueroa (Chances, DRGTNS, Humana). Las baterías fueron grabadas aparte por Felipe Castro. El disco está disponible en CD y en vinilo gracias a las gestiones de los sellos Amendment y Tuneless; una ayuda no menor, pues gracias al interés de los sellos, la banda pudo disponer de más recursos para masterización y edición de copias en vinilo.

Abre el disco el tema ‘Violencia y jerarquía’. Se trata de un acompañamiento musical para un sampler del académico Carlos Pérez Soto. “Esa es una de sus clases en que habla acerca de la violencia institucionalizada contra la violencia del pueblo, en el contexto de las marchas estudiantiles”, explica Eduardo.

¿Pero cómo entiendes la violencia en ese tema? ¿Como resistencia a la jerarquía, o a la violencia cotidiana de sueldos malos, pensiones de hambre?

Eduardo: Es que “violencia y jerarquía” es super literal. Como que la separación reflexiva que se puede hacer de esa idea no es tan lejana, es más cerca. En el mismo sampler se habla que la violencia revolucionaria debe jerarquizar al enemigo, por eso es una jerarquía. Y se estratifican cuáles son los enemigos principales de la violencia revolucionaria, que es en el fondo la violencia de todos nosotros en contra de este estado, o en contra de la banca trasnacional, o etc. Es como lo directo.

El trabajo conceptual es algo importante en la obra de Tenemos Explosivos y para sorpresa de la banda, su acogida es cada vez más transversal. Una noche en Concepción un chico se acerca a René Sánchez y le dice: “Oye está buena la banda, perrito, pero ¿son como rojos? ¿o no?”. René queda asombrado, sin saber qué decir.

Quizás para mucha gente del despolitizado y apático Chile actual, cualquier atisbo de crítica en obras musicales tiene un olor extraño. Pero en el caso de Tenemos Explosivos, entender su obra más allá de alguna connotación política implica acercarse a la música comprendida más que como mera entretención. Porque es una banda que ofrece una obra con un pulso dramático y un corazón, que ha logrado convocar a cada vez más gente. Como en aquella noche del Bar Uno.


Ama tanto los días de sol, como los discos que se los recuerden. Melómano devoto, escritor de baño público y guitarrista. La música no se mancha.

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