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Camila Moreno: La filosofía de la Mala Madre

Camila Moreno: La filosofía de la Mala Madre

De vuelta con su placa más artesanal y fiera, Camila Moreno entrega una cátedra donde explica el curioso y atractivo título que le ha brindado. Pero tras el nombre se esconde algo: hay una discusión que busca poner en boca de todos.

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Es abril y el verano se niega a abandonar las calles santiaguinas. Son las dos de la tarde y el calor hace de las suyas en las proximidades de un café en Nuñoa. En bicicleta y con sencillo atuendo primaveral llega Camila Moreno, haciendo una pausa dentro del extenuante presente que significan los últimos detalles de su nueva entrega.

“La preproducción empezó entre abril y mayo del año pasado”, cuenta una Moreno que expele entusiasmo bajo un reservado timbre de voz. “Las canciones son del año antepasado. El proceso de composición tuvo que ver unas veces con sensaciones de desamor, y otras veces con cosas que no había explorado, como hablar de mi infancia”.

“Mala Madre” ha sido producido por la misma cantautora, con ayuda de Tomas Preuss (Prehistöricos), Cristián Heyne y Cristóbal Carvajal. “La manera que tuvimos de construir el disco fue respetando los demos, en el sentido de que dejamos las voces que yo grabé en mi casa, los pianos que yo dejé en mi casa, cosas muy precarias. Entonces, el disco tiene dos caracteres, uno bien lo-fi y otro de manera más profesional”, señala.

Luego procede a explicar su fundamento de mantener la crudeza de la primera toma. “Cuando uno hace algo que tiene onda, carácter, misterio y agresividad, tratar de reproducirlo igual es falso. Siempre empieza a ser el intento de imitar lo que uno ya hizo y, la verdad, es un poco absurdo”.

En la práctica, Camila cuenta que el álbum “fue uno muy colectivo, creo que el más colectivo que he hecho en cuanto a permitir que otra gente hablara sobre las estructuras”, lo cual le permitió experimentar en sus propias palabras, “un mayor desapego hacia las canciones”. A su vez, agrega posteriormente que es la placa donde ha estado más involucrada en cuanto a interpretación. “Toqué todos los bajos, todos los teclados, todas las guitarras, estoy dentro de la producción, incluso más metida dentro de todo que en “Panal””.

Con grandes espíritus y entre risas durante la tarde en el café, la entrevistada asevera creer que, en comparación a sus dos placas anteriores, “Mala Madre” es mejor. “Creo que me pegué un cambio en la forma de componer. De alguna u otra manera, es más directo, más extrovertido, menos críptico, más explícito y a la vez más crudo. Por eso el nombre. No es tan alegórico. “Panal” es un poco más bucólico. Este tiene una agresividad que los otros no poseen, y a la vez una que añade más conciencia de lo que estoy haciendo”.

Además de la esencia, a Camila le importa mucho su acercamiento a los instrumentos, algo que se hizo ver en videos compartidos en redes sociales. Y le gusta acercarse a aquellos que no ha probado antes: “A pesar de que creo muy importante el estudio de los instrumentos, nunca te va a salir algo igual a cuando no conoces ese algo, porque ahí hay frescura que nunca se va a volver a repetir. Uno después lo empieza a conocer, le empieza a sacar otros sonidos, le saca el rollo, y empieza a tener una relación afectiva con ese instrumento. Te recuerda cosas, personas, momentos que viviste”, profundiza.

“Yo llevo tocando guitarra desde los 9 años, también con interrupciones. Es una relación pasional, de amor y odio total” – una visión muy severa de tan global instrumento, que Moreno detalla con su siempre agudo sentido de la percepción. “Porque uno de repente pasa por periodos donde la guitarra no te habla. No te sale nada, no te da nada. Y hay otros momentos donde te lo da todo, y es como que hubiera partido encontrando todo un universo nuevo en la guitarra. También hay momentos donde estás jugando todo el rato sobre lo mismo, y es aburrido. La idea es que no hay que tener miedo a que los instrumentos suenen de una manera u otra”.

“En el mundo de los medios al tiro te ponen en pequeños cajoncitos, y la gente lee o quiere leer las cosas de una manera, y uno inevitablemente escucha esas cosas y empieza a cuestionarse las cosas. En este disco nuevo hay más influencias del trip hop y de la música negra. Estoy escuchando Fela Kuti y varias cosas que antes no hubiera escuchado. Quizá no se note la influencia pero igual lo estoy escuchando. También rescato cosas que escuchaba en los 90, desde Tricky a Massive Attack”, reflexiona la artista santiaguina en torno al impacto con el que sus artistas preferidos trascienden su música. Examinando con más detalle la curiosa e hiperkinética metodología empleada para esta ocasión cuenta: “Inventamos un instrumento con mi voz, un teclado, que es como mi voz cantando, aunque no se nota. Fuimos a grabar a una construcción, sacamos ruidos fuertes, los metimos, grabamos cosas de otras personas. Jugamos mucho con el concepto del hip-hop de los samples. Incluso sampleamos las mismas baterías que nosotros grabamos y las hicimos loops. Fuimos a grabar cuerdas a Valdivia, sampleamos esas mismas cuerdas, las movimos, las dimos vuelta”.

Pero qué sería de la parte instrumental sin un buen concepto que acompañe. Y Camila lo sabe: “Llegué a un texto donde se narraba que las mujeres de una tribu que ovulaban en luna llena tenían más posibilidades de quedar embarazadas. A eso se le llamaba el ciclo de la buena madre. El ciclo opuesto, el de la mala madre, era el de aquellas que en vez de eso, menstruaban en luna llena, y debido a esto eran expulsadas de sus tribus. Por el hecho de ser exiliadas de sus comunidades desarrollaban brujería y la hechicería, el chamanismo”.

Camila llegó al concepto de la mala madre a través de la planta del mismo nombre, la cual personalmente encontró fea. Junto con ello, dicho texto comentado fomentan su ánimo de darle ese nombre al álbum. “De ahí el rollo de la mujer fea, la mujer que no es querida, y que finalmente termina desarrollando una magia, un poder que tiene que ver con algo estrictamente del mundo femenino, y que tiene que ver con la oscuridad”.

Las ‘malas madres’ trascienden en el tiempo tomando lugar incluso en las discusiones del siglo XXI. Y una de estas temáticas, menciona la entrevistada, es el aborto. “El mismo rollo tiene que ver también con la ley del aborto, el hecho de que la mujer elija independientemente ser madre o no. La buena madre es la imagen de lo que tiene que ser la mujer, y esa imagen es bastante católica. Finalmente hoy la discusión sigue rondando en torno a si hay vida o no en el feto, y se saltan a la mujer. La discusión es de si la mujer es libre o no de hacer lo que ella quiera consigo misma. Y la sociedad traspasa eso, llevando la discusión a otro plano, invisibilizando a la mujer”.

Entre sus malas madres, Moreno identifica por ejemplo a mujeres como Alejandra Pizarnik, Anne Sexton, Sylvia Plath, Violeta Parra. Justo un común que estos cuatro personajes comparten –y que inevitablemente deja caer un aura sombría encima del álbum– es que hayan puesto fin a sus vidas prematuramente.

‘Bathory’, uno de los temas del LP, trata el relato de Alejandra Pizarnik de la Condesa Sangrienta. “Ella existió cerca de la edad media, asesinó a 639 mujeres, las torturaba y sobre todo las prefería vírgenes. La forma en que lo narra te da la imagen de un personaje medio romántico haciendo todo esto”. En síntesis, la pieza “tiene que ver mucho con el asesino que todos llevamos dentro, la sangre, en particular la relación de la sangre menstrual y la mujer”.

Haciendo nexos literarios, la intelectualmente inquieta artista sigue sustentando su teoría de la mala madre. La lectura del codex Malleus Maleficarum, que detallaba instrucciones y razones para la matanza de brujas, tuvo un profundo impacto en la temática del disco. “Es increíble leerse este libro porque es totalmente psicópata. Aquí proponen que es considerado brujo quién cree que puede transformar la realidad por sí mismo, porque sólo Dios tiene poder para transformar la realidad. Y es ahí donde se gesta la esclavitud humana que vivimos hoy, donde no somos capaces de siquiera creer que podemos transformar la realidad. Siempre el poder está fuera. Y ese mismo poder que se le quiso quitar a la mujer tiene que ver con eso, porque la mujer sí tiene naturalmente el instinto de generar nuevas realidades y transformar vidas”.

“Lo mismo pasa con los pueblos originarios. Ellos lo tenían muy claro. Es considerado brujo quien observa de las estaciones y sus cambios. O sea, ser consciente de la naturaleza es motivo para ser quemado. Imagínate, la distancia que genera eso. Es muy interesante ese libro, porque marca un hito en la historia. Creo que también hay mujeres que por “malas madres” han sido poco vistas, como aquí en Chile la misma Violeta Parra, Cecilia Vicuña, Stella Díaz Varin, Gabriela Mistral – mujeres exiliadas, mujeres olvidadas… mujeres que se atrevieron a escribir poesía erótica por ejemplo, y que por eso nunca fueron leídas, o siquiera editadas. De eso yo quiero hablar. Ese es el espíritu que envuelve a “Mala Madre””.

“Yo creo que en los colegios debería haber un ramo que se llame Violeta Parra, no una clase de cinco minutos una vez a las quinientas”, declara Camila. “Violeta Parra es un árbol de conocimiento e identidad, de relato y de reflejo chileno. No tiene igual y no lo va a tener tampoco. El nivel de profundidad que tenía su arte no está en ningún otro lugar. Lo mismo pasa con Cecilia Vicuña. Fue participante de la Tribu No, y una de las primeras chilenas en atreverse a escribir poesía erótica. Fue pareja también de Claudio Bertoni, pero el conocido es él”.

“En todo caso, no creo que toda esta visión sea culpa de los hombres, o de las mujeres, o que sea solamente producto del machismo”. La tesis de Camila Moreno: esto es el producto de una sociedad que le temió a lo femenino como energía. “Es lo oculto, lo desconocido, lo misterioso, y todo eso se vio como lo ‘malo’. Empezamos a tener juicios morales sobre lo que es bueno y malo. Por ejemplo, las emociones negativas. ‘¿Sientes rabia? Eso es malo. No, evítalo’. Es como vivir en el mundo de Coca Cola – todo muy feliz. Hay miedo de tomar esas emociones como motores creativos. Realmente logro crear mucho más desde la violencia que de la buena onda. Yo por lo menos creo así, y me hago cargo de eso. Creo que ese mismo bloqueo de la energía de la violencia ha generado más violencia, y es una responsabilidad social que tenemos de reflexionar y profundizar un poco más sobre nosotros mismos y la humanidad, porque siempre las cosas van por encima. ‘No, es que el político de allá tiene la culpa’ – loco, la hueá va un poco más allá”.

‘Libres y estúpidos’ es el fiero y atropellante primer corte musical liberado de la placa, prácticamente con la misión de emitir la examinación de que inevitablemente con la propia libertad, el ser humano contemporáneo opta finalmente por la estupidez. “El tema tiene que ver con la observación del humano mirándose cómo se está pudriendo lentamente, caminando hacia la muerte, viendo nacer y morir a la gente mientras uno mismo va muriendo”, comenta Camila con su punzante discurso. “Yo pienso que todo eso está conducido por el miedo. Esa decisión de ‘soy libre, y lo que decido hacer es quedarme pegado a la televisión, ir a cagarme a la gente y poner una hidroeléctrica, querer plata, o incluso poner comentarios negativos en Youtube para sentirme importante”. Es un poco triste la verdad”.

Mientras profundizaba la miríada de razones por las que plasmó la letra de ‘Libres y Estúpidos’, la comunicativa intérprete señala que parte del disco se dedica sus visiones de lo que pasa en el mundo. “En el disco está retratada la matanza de estudiantes en México con mis propias palabras, la guerra en Israel-Palestina está implícita. Y esta canción abarca la sensación que tenemos todos hoy en día de que en Chile nos están cagando todo el rato los políticos. No se puede confiar en nadie y lo grotesco que están haciendo está pasando a otro límite; está demasiado expuesto. Yo tengo el presentimiento de que las cosas están llegando a un límite donde todo va a colapsar”.

Y es en este último tópico donde se le afila la lengua a Moreno. Frente a los casos que sepultan reputación y credibilidad de los políticos chilenos en este día y era (Penta, Caval, Soquimich, etc.), reflexiona: “Creo que me ha asombrado que la gente se siente tan sorprendida de esto, como que realmente hubiesen confiado en estas personas. ¿Realmente confiaban en estas personas antes de que hicieran lo propio? Eso me parece rarísimo. Yo nunca creí en estos hueones. Nunca voté por ellos ni me aferré a creer que esto era verdad. Que la política sea corrupta para mí no es ninguna novedad, así que el hecho de que se esté abriendo y explicando exactamente de qué se traten estos casos de corrupción me alegra, porque así la gente sepa que no hay que confiar en ellos”.

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“No podemos seguir permitiendo que gente así gobierne un país, que traigan a Monsanto, que hagan las hidroeléctricas, que manipulen las farmacéuticas, las universidades y los colegios. Se está dejando ver lo grotesco de la manera asquerosa en que se ha metido el neoliberalismo en Chile, producto de la constitución que tenemos. Una cosa lleva a la otra”.

Todo esto puede ser un motor para revitalizar los movimientos sociales, porque según Camila, “son la única arma que tenemos. Para mí es un avance tener a gente como Boric en el senado, que puedan hablar, tengan una honestidad humana y sobre todo valores. Sobre todo, opinión y reflexión, porque las otras personas son realmente estúpidas. Ni siquiera libres y estúpidas, sino que estúpidas ESTÚPIDAS. Como Ena Von Baer opinando de la ley del 20% en la música chilena, comentando cosas como ‘oh, pobres artistas chilenitos’”.

Previo al lanzamiento de “Mala Madre”, para Moreno era fuente de incertidumbre. “Yo creo que es mejor que no esperen nada. Una amiga mía que lo escuchaba me decía que la gente no lo va a entender. Pueden esperar un disco más entretenido que los anteriores, un disco sin tapujos ni filtros, agresividad y sutileza”. Pero la reflexión final que hace es lo que realmente impacta en música tan vital. “Cuando me gusta un artista, me gusta por esa cosa que lo cruza, esa sensación volcánica que evoca. Tocar sólo notas no tiene ninguna gracia, ningún valor o mérito. Hay algo que se transmite en la música que tiene que ver con la energía oculta, la atmósfera eléctrica que existe en el arte. En cada artista se da de maneras diferentes, y eso a la larga es lo que hace que el mundo sea mejor y que sea más soportable vivir en él”.

Fotos: Josefina Astorga


Escritor de Melómanos, estudiante de periodismo (y de paciencia).

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