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Chinoy: Poesía liberadora para mentes pensantes

Chinoy: Poesía liberadora para mentes pensantes

Seis años han pasado desde que Chinoy lanzó su primer álbum de estudio: “Que salgan los dragones”. La bataola de reconocimiento que tuvo en esos años se ha disipado con el pasar del tiempo para permitir que el fruto del arte se volviese el arma predilecta que ahora utiliza para erradicar la pobreza espiritual de las personas en forma de “De loco medieval”, su nuevo disco.

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Chinoy no había lanzado un álbum de estudio desde “Que salgan los dragones” (2009). Una época agitada en su vida cuando aparecía a menudo en los medios junto a cierta fama que lo persiguió sin haberla buscado. Lo encontró, se podría decir, ligado a esa naciente generación de artistas folk que tuvo entre sus filas a los ya consagrados Manuel García, Camila Moreno o Nano Stern.

Desde entonces que ha continuado en lo mismo, dice, escribiendo como ha hecho siempre; como cuando se pasaba veranos en un cuartucho atrás de su casa en San Antonio trabajando en el único oficio con el que siente que puede vivir.

Hoy ya todo forma parte de la experiencia, un grato recuerdo que acumula junto a otros tantos pasajes de su vida ambientados en la población de San Antonio en la que creció y en las calles y bares de Valparaíso.

No se le ha visto en los medios a pesar de su permanente actividad. Rechaza la prensa amarillista y como siempre se ha mantenido crítico al materialismo e ignorancia de las personas, rescatando por sobre todo el aporte que realiza con su poesía a la sanación del “espíritu enfermo y corrupto de la sociedad”.

Ha dejado pasar el tiempo para ir sin apuros. siguiendo en lo suyo al ritmo que mejor le queda: tocando para sobrevivir, haciendo caso omiso a las presiones de mantenerse vigente. Así se gestó el recin editado “De loco medieval”, su segundo LP, que al parecer no es ni de cerca lo último que le escucharemos.

Tras estos años sin lanzar un disco, ¿de dónde nace la motivación para hacer este elepé?

Tiene que ver con que entonces no tenía la banda de ahora, aunque todavía nadie la conoce porque estamos recién empezando. Tengo la intención de sacar varios discos con ellos y de dar forma al sonido que queremos hacer. Resulta que fui un fenómeno con la guitarra acústica, pero ya no soy así.

El disco lo ibas a lanzar el año pasado. ¿Por qué esperaste otro año más?

Se demoró en la producción. Viajé hartas veces, algunas grabaciones no me gustaron. Es un asunto del tiempo; las cosas salen cuando tienen que salir. A mí nunca me ha apurado sacar un disco. Tengo suficiente, soy pagado con el sólo hecho de ir a tocar a cualquier parte. Cuando estoy tocando agradezco al mismo tiempo el arte en sí, la imaginación, la palabra, la sensación, dan como resultado una fórmula metafísica o física acerca del mundo en medio de una canción. Me siento pagado con la experiencia de la música que es un arte mayor que intenta mejorarse día a día.

¿Cuáles son las principales influencias de “De loco medieval”?

Tiene que ver con las letras en sí; es un trabajo casi de poemario. (las letras) Las escribí de una manera especial, en momentos muy parecidos, familiares entre sí. Una forma de escribir en un trance particular. Letras escritas muy rápidas pero con una carga mucho más potente de imágenes. Están al gusto mío con respecto a las cosas que están sucediendo, que anhelo y veo venir.

¿Eso supone un cambio sobre el disco anterior? ¿Qué otras cosas cambiaron?

El “Que salgan los dragones” también es un trabajo de la letra. Son muy parecidos pero esta vez me salió más fácil que antes. Es una etapa de transición entre lo acústico y lo eléctrico. Con el primer disco tenía muchas ganas de hacerlo con banda, pero con toda la movida acústica que se hizo relacionándolo a Violeta Parra o Víctor Jara se resaltó aquello. En cuanto al tratamiento en la música, estuve experimentando con banda en el rock, que en realidad el sonido no tiene nada nuevo; son cosas que comenta la gente porque no conoce lo realmente importante. Es para hacer un comentario pequeño porque no conoce lo que hay detrás de un artista y no sabe lo que está sucediendo. De lo que es la chatura donde vivimos. De un país lleno de políticos corruptos, familiaridades, de condicionamientos extranjeros, un país muy copión que habla mal de sí mismo. De eso se trata el disco: es un trabajo de amor porque se destapó la olla, la visión de la gente que quiere hacer un cambio en la sociedad y de ahí hermanarnos con nuestros países vecinos y después con el planeta entero. No vivimos aislados. Ese es el real aporte que tienen bandas como Led Zeppelin o Nirvana, que lograron aunar al mundo en pos de una visión, o de devolverle al mundo lo que ha perdido, porque hemos perdido más que ganado. Por ejemplo, perdimos el contacto con la naturaleza. Eso de que marchemos hacia la debacle de la sociedad tiende a ser la exageración de la estupidez, porque estamos delimitados por los gustos extranjeros, no lo propio. Acá en chile hay muchos poetas y poca lectura de ellos; poca visión de las autoridades. Tenemos políticos que no tienen nada que ver con la poesía. Y la música también tiene poco que ver con la poesía, siendo un país poético. Si tuviéramos a Enrique Lihn poniéndole vistos buenos a las bandas de hoy quedarían pocas vivas, porque tienen poco de poético. Entonces entiendes por qué aparecen artistas que no tienen idea de nada. Cada uno es un iniciador en esto, uno no sabe cuándo hace un poema si es el mejor o peor poema del mundo, si de verdad te podís dedicar a esto, pero es necesario hacerlo.

¿A qué te has dedicado desde la salida de “Que salgan los dragones”?

Me ha tocado viajar mucho, estar en varias partes a la vez. Ahora estoy una semana en Santiago pero soy más de Valparaíso, voy bastante a San Antonio también. Desde que comencé con esto no he tenido vacaciones. No he hecho más que sentarme a escribir y eso es lo que he hecho toda mi vida. Ir a la playa en San Antonio me era difícil, me quedaba atrás en un cuartucho escribiendo o pintando en pleno verano. Por eso me concedí el oficio, no podría vivir de otra manera. No podría tener horarios de oficina y vivir en una ciudad como Santiago, terminaría enfermo de los nervios.

Pero un tiempo abandonaste Valparaíso y decidiste venir a vivir a Santiago.

Valparaíso estaba cargado de mí. Me ponía a pelear, la gente me gritaba cosas, otros se querían sacar fotos. Lo bueno viene con lo malo también, y a veces copetiao me transaba en discusiones y hacía el ridículo, me ponía a gritar y a correr por los autos. Cuando aparecía en los diarios a menudo, me relacionaban con todos los músicos que aparecieron el 2007, el Manuel García, Nano Stern, Angelo Escobar, Demian Rodriguez, Kaskivano, Evelyn Cornejo, a todos ellos los conocí de primera mano. La Camila Moreno no tenía ni disco cuando me mostro las canciones una vez que vine a Santiago. Fue un fenómeno que nos juntó a todos en una misma hebra.

Esos años que pasaste en San Antonio, la locura que viviste cuando adolecente ¿Dónde quedan en esta etapa de tu vida?

Las etapas no se pierden, se hacen más interesantes. Vengo de un puerto enérgico, de gente vigorosa que se saluda en las calles. Viví 25 años ahí y no creo que ningún otro lugar me vaya dejar la influencia que me dejó San Antonio. Yo me juntaba con los punk de San Antonio, me iba a tomar a la caleta y tocábamos en un cuartucho viejo de una población. Soy de tomar cerveza en la calle, de embriagarme y de buscar un árbol para leer, de provocar una sonrisa, esas cosas no se van.

Si tuvieras que volver a pasar por esa fama que te siguió el 2009, ¿te sientes preparado para enfrentar el bullicio de la gente y los medios?

No me causaba rechazo esa fama. Uno a veces de hipersensible, dice cosas. Sobre todo en una cosa tan pequeña como acá. Vivimos en un país chiquitito, donde los periodistas no averiguan muy bien de que se trata la música de un artista, que mientras estas tocando en la radio se ponen a mirar el computador, una falta de respeto enorme. Está todo muy sectorizado y tiene que ver con la contingencia. Los políticos aparecen mucho en la tele moviendo la colita cuando deberían trabajar para la gente, anónimamente. Son servidores públicos, se les paga por eso.

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A propósito, ¿qué opinas de lo que hizo ahora el senador Jorge Pizarro de irse a Inglaterra a ver el mundial del rugby?

Es una cuestión ordinaria. Un infantilismo. En vez de ver a su gente y trabajar junto a su juventud sacando bolsas, limpiando la playa. Vivimos en un país abandonado por sus propios habitantes. Como decía Nicanor Parra, “Chile es un paisaje”, porque no existimos. Los políticos lo venden todo, los carabineros nos revisan las mochilas, la billetera, te quieren llevar, te amenazan. Una cuestión de locos. Si sigue esto así la paranoia nos va a tener a punta de metralletas. Vivimos en una sociedad moderna con leyes pero con medios que funcionan bajo la prensa amarilla. Todo se ha mantenido bajo una chatura, los intelectuales ya no aparecen en la televisión hablando de algo hermoso atravesando la inteligencia y la conciencia de lo que está sucediendo en el planeta. Ese tipo de cosas no se revelan. Que no haya bandas sonando en la televisión todos los días. Que no haya un programa decente de música, con alternativa a diferentes estilos de música, con punk rock, metal, reggaetón, cumbia, de todo. Tenemos recién un 20% de música nacional en las radios que es muy poco. En Argentina tienen como 45%, vay a los bares y tienen rock de su gente. Imagínate lo que hay luchar por el 20%. Es porque tienen miedo de que Chile se transforme en Chile, porque los que mueven las cosas son extranjeros. Como decía el Evo Morales: “los europeos nos echan devuelta pa’ acá y nosotros no echamos a nadie de aquí”. Si nos obligan a andar con un carnet, que por favor tiren pa’ arriba la cuestión, porque hay quienes tiran solo hacia abajo por egoísmo y dinero. Hay un problema cultural identitario súper grande. Te invitan a la radio 5 minutos, cuando debería ser pa’ echar la talla y entablar una conversación de grandes y no hablar de estupideces, como hablar del disco. Hay artistas súper serios, está lleno de poetas, de pintores, pero también lleno de leyes injustas, de perseguidores, de gente ambiciosa y egoísta, espíritus enfermos malacatosos, una sociedad bastante enferma. Lo único que estamos consiguiendo es un nuevo aparato de consumo. El arte entonces sana, es un bálsamo que se le pone a los malos pensamientos. Hay mucho consumismo, todo es material, pero hay una cosa sobre ello que es el espíritu. Como decía cristo, “lo que viene de la carne es carne y lo que viene del espíritu es del espíritu”. Hay que saber diferenciarlo. Aquí hay que renacer el espíritu de la gente y reconocer la base metafísica de todo esto. Con el arte se logra ahondar en eso y darle palabra. No cuesta nada arrebatar dos o tres horas de trabajo a la gente quitándoles la posibilidad de salir a dar una vuelta por el parque, haciéndolos migrar prácticamente acá en Santiago desde otra comuna demorándose una o dos horas en micro y metro lleno de gente donde no te dejan tampoco tocar una canción. Esa cuestión nos tiene casi como esclavos o como un rebaño por amor al sistema. Y no hay locura, no hay rock and roll, no hay efervescencia. Salen a marchar 150 mil pero debiesen ser 3 millones de personas.

¿Cuáles son las proyecciones que tienes ahora que sacaste “De loco medieval”?

Tenemos un disco prácticamente hecho para lanzarlo en dos meses más. Todavía no tiene nombre. Yo creo que con 13 canciones va a quedar bien. La pretensión es tener un lugar para tocar en Santiago, también en Valparaíso para que se vaya juntando, mover bandas de allá para acá, y que se vaya formando un pequeño movimiento si es que puede ser.

Fotos: Diego Figueroa


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