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Stop the music and go home: Fiesta, violencia y The Chemical Brothers

El grupo creado por Ed Simonds y Tom Rowlands nació dos años antes que el Festival Sónar, evento que aterriza el sábado por primera vez en Chile y al que vienen como cabezas de cartel. A continuación una encadenación de sucesos de violencia de estado, que dan contexto al desarrollo de ambos proyectos y de una generación de músicos electrónicos.

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El 5 de octubre de 1988 en Chile se realiza el plebiscito que finalmente terminaría con la dictadura del General Augusto Pinochet. Casi un año más tarde, específicamente el 14 de diciembre de 1989, el demócratacristiano Patricio Aylwin enfrentó al economista y ex-ministro de Pinochet, Hernán Büchi y le gana en la primera elección de autoridades en 17 años. Volvía la democracia. En forma de fichas, pero volvía.

En ese mismo período en Inglaterra se vivía otra efervescencia: a través del sello Factory, Happy Mondays editaban “Bummed” (1988) y New Order lanzaba “Technique” (enero de 1989). The Stone Roses, en tanto, editaban su enorme debut homónimo (abril de 1989) y nacía de la mano de Steve Beckett y Rob Mitchell la hermosa discográfica Warp Records ( 6 de junio 1989), que aunque tenía una evidente preferencia por la música electrónica, editó “Intro” (1993), un álbum recopilatorio de la banda de su amigo Jarvis Cocker, Pulp, encausando al grupo en el mundo del house.

Esta serie de eventos a su vez tuvo un marco político social bastante acotado y definido. Por una parte comenzaba a expirar el mandato de la Primer Ministro Margareth Tatcher, quien dejaría el liderazgo del Partido Conservador hacia noviembre de 1991, cargo que había ostentado desde 1979. Y por otra, el 27 de octubre de 1988 en un centro ecuestre de las afueras de Londres se realiza Sunrise, la primera rave de la historia. Se daba inicio a lo que se llamó “Segundo verano del amor” (1988 – 1989).

La realización de esta fiesta no fue un acto de extravagancia hippie o una búsqueda por ampliar los espacios para los miles de jóvenes que acudían a los clubes en Londres o Manchester: estaban en realidad escapando. En contraposición al Smiley, que simbolizaba la buena onda y el uso del éxtasis, estaba la Pay Party Unit, una unidad especializada de la policía que se había hecho célebre por encarcelar productores y músicos y por hacer allanamientos en el club La Hacienda, repleta de éxtasis y MDMA.

Sin embargo, la idea de “escapar” es tan literal como metafórica. Además de alejarse de los policías anti fiestas (por redundante que parezca), la juventud inglesa quería huir de una realidad social profundamente opresora. Margareth Tatcher había cerrado minas de carbón, intervenido el Estado de Bienestar, privatizando todo lo que se podía (siguiendo el modelo chileno), había librado una cruenta guerra contra el IRA en Irlanda dejando morir a prisioneros irlandeses quienes estaban en huelga de hambre, y por supuesto participó de la llamada guerra de las Malvinas asesinando a miles de jóvenes trasandinos.

Si Sex Pistols había gritado a la cara del conservadurismo desde el Tamesis, The Jesus and Mary Chain habían destruido todo desde la abulia y The Smiths y Morrissey habían acudido a la literatura, el pop y el desprecio después de 20 años de mano de hierro, las juventudes inglesas habían buscado la evasión. Un estudio realizado en la década pasada reveló un curioso dato: la entrada de la metanfetamina en Inglaterra coincidió con los niveles más bajos de hooliganismo jamás registrados, un tipo de violencia instalada en la sociedad inglesa y utilizada como proyector de las frustraciones sociales en plena recesión Thatcherista. Mientras el alcohol destapa la agresividad, la ingesta de MDMA lo transforma en un dócil sirviente del DJ al que sólo le apetece hacer amigos.

KILL ALL THE HIPPIES

Las necesidades del momento habían hecho que la cultura rave tuviera que mezclar una actitud jipona de paz y amor con capacidades de organización y resistencia más cercanas al punk, como lo dijo alguna vez el mismo Joe Strummer en el documental The Future is Unwriten: “Hay una ley en Inglaterra que prohíbe las raves, las fiestas, las aglomeraciones en el campo. Le ha dado fuerza a lo alternativo porque la gente se une para luchar por algo en común, algo así pasaba con el punk. Los punks y los hippies están luchando juntos acá en Inglaterra, no puedes separarlos, se han unido en un estilo nuevo y extraño”. La ley que invoca Strummer es la Criminal Justice and Public Order Act promulgada en 1994, aunque el brazo armado del Estado no había esperado hasta ese momento para apalear yonkis buena onda.

En 1992 Spiral Tribe, venía organizando una serie de raves gratuitas, y el 19 de abril tuvo lugar una de ellas. El problema fue, según The Guardian, que “agentes de policía de Grupo de Apoyo Territorial de la Policía Metropolitana (Territorial Support Group o TSG, el mismo grupo responsable de la mano dura en las manifestaciones del G-20), una división especializada con funciones que incluyen el control de multitudes, rodearon el edificio. De acuerdo con testigos, algunos TSG estaban enmascarados y tenían sus números de identificación cubiertos. Los asistentes armaron barricadas en las puertas, pero después de un enfrentamiento de 10 horas, la policía rompió la pared exterior. Decenas de ravers denunciaron que fueron golpeados en la oscuridad de la bodega; testigos afirman que tiraron al suelo a una mujer embarazada. Un hombre que intentó escapar por el tejado afirmó haber sido empujado; cayó dos pisos rompiéndose ambos brazos y piernas”.

Ese mismo año Tom Rowlands y Eduard Simons empiezan a pinchar en clubes de Manchester. La música electrónica respondería a sus tiempos.

Mientras el indie y el rock redoblaban esfuerzos para integrar el house a sus discos como en un “Pills ‘n’ thrills and bellyaches” (Happy Mondays) producido por el productor y DJ Paul Oakenfold y en un “Screamadelica” (Primal Scream) producido por Andrew Weatherall y Terry Farley -incluso se sumarían a la tendencia bandas relacionadas directamente con el noise como My Bloody Valentine o The Jesus and Mary Chain-, Rowlands y Simons hacen el ejercicio contrario, integrando quiebres de hip hop, efectos del techno norteamericano, líneas de bajo saturadas y riffs de guitarra a una propuesta que servía tanto para bailar como para combatir. “Nosotros usamos el sampler como un instrumento normal. Nos encanta mezclar cosas orgánicas. Usamos a gente con guitarras y bajos que luego tratamos y editamos por medio del sintetizador. Hay un margen entre el instrumento real y el instrumento virtual que no vemos. Es más fácil usar ambos”, dirían a Félix Suarez cuando fueron portada de Rockdelux en 1997.

Sería el mismo productor de Primal Scream, Andrew Weatherall, quien los ficharía para su sello Junior Boy’s Own, y es así como en mayo de 1993 editan la primera canción del dúo que por ese tiempo se llamaba de Dust Brothers: ‘Song To The Siren’.

La mayoría de los colaboradores de Chemical Brothers vendrían desde el rock o el indie, como Tim Burges (The Charlatans) o incluso la cantautora folk Beth Orton. Pero uno de sus principales colaboradores sería Noel Gallagher, a quien conocen en el Glastonburry de 1995. Junto a su voz graban ‘Setting sun’, primer single de su segundo disco, que en su video mostraría a una joven despertando tras participar de una rave siendo mirada por policías ingleses. El video además incluye imágenes reales de violencia policial y a una señora que podría ser la Reina o Margaret Tatcher participando de la fiesta en donde los policías terminan bailando break. El segundo single del disco, ‘Block Rockin’ Beats’, terminaría por lanzar a la fama al dúo en 1997, y su video continúa en la lógica de las raves, la juventud y las persecuciones policiales, una temática que también alcanzaría a los franceses Daft Punk en su canción ‘Revolution 909’ (que juega con ‘Revolution n° 9’ de The Beatles), también de 1997. En dicho clip, un policía con una mancha de salsa de tomate no logra apresar a una joven que participaba de una fiesta. Al llegar la fuerza pública enuncian por el megáfono la frase “Stop the music and go home”.

El tercer disco de The Chemical Brothers, “Surrender”, es editado en 1999, y se centraba en el house por sobre el hip hop, pero también en un universo social diferente. La contingencia mundial se concentraba en el crecimiento desmedido de las transnacionales, la globalización y el nuevo orden mundial. Si la primera mitad de los 90 en el primer mundo fue representada por las penurias de la clase obrera en Trainspotting (Irvine Whelsh en 1994 llamaría de hecho a su tragicómico y social segundo libro, Acid House), la segunda venía premunida de un discurso punk de enfrentamiento al capitalismo, como se muestra en ‘El Club de la Pelea’ o en ‘Out of Control’, el video del segundo single de la banda que comienza con el siguiente rezo en español:

Compañeros, nuestra ruta ya no es la del miedo
Es una revolución humana, una invitación para aquellos que no quieren escuchar
Nuestro camino es la liberación, ante una insaciable globalización
Que quiere vernos morir en un desierto de soledad.

El clip fue dirigido por W.I.Z (Andrew Whiston), un realizador inglés que ha trabajado con Disclosure, Dizze Rascal, Oasis, Kasabian, Ian Brown y Massive Attack, entre otros, y tiene como contexto unas revueltas entre el Gobierno de México y el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Luego ironiza con el anuncio de una bebida cola y continúa con imágenes reales de protestas nocturnas.

Para ese momento la estética y los discursos de la electrónica ya habían cambiado, y aunque se volvía más saturada, oscura y cargada de política, su entrada al concepto de música pop era evidente. The Chemical Brothers llenaban estadios y festivales (Woodstock, Glastonbury) y durante toda la década desde distintos lugares el género hacia guiños políticos. Massive Attack tuvo que cambiar su nombre a Massive durante la Guerra del Golfo, algo de lo que se ha arrepentido públicamente su líder 3D del Naja, un abierto detractor de este conflicto, quién luego compensaría. “La resistencia de Massive Attack se abre en dos frentes. El más explícito y coyuntural es el que Robert 3D del Naja afronta como líder mediático de Stop the War (junto a Damon Albarn), una organización británica que se opone a la invasión a Irak. El otro foco de resistencia, menos urgente en términos de militancia pero quizás más perdurable, está en sus discos. Compuesto y tocado en estado de refugio nuclear, “100th Window” busca respuestas en las ruinas y en los sueños (…). Sinead O’Connor, pitonisa invitada, canta canciones de redención y autoyuda. En ‘A Prayer for England’, la irlandesa ora por la salvación de “los chicos ingleses”, acechados por los asesinatos y el reclutamiento militar”, escribiría Pablo Plotkin para Página 12.

Massive Attack en 1991. Foto: Kevin Cummins.

Massive Attack en 1991. Foto: Kevin Cummins.

Quienes no rehuyeron las referencias a la guerra en 1997 fueron los hermanos Hartnoll, también conocidos como Orbital (en referencia a la M25 Motorway o London Orbital, que es como una Américo Vespucio creada por Tatcher y que irónicamente había sido testigo del comienzo de las raves) cuando en su presentación de ese año de Later on Jools Holland, realizaron una performance de su single ‘Satan’ atiborrada de imágenes de tanques, submarinos y bombardeos.

El 97 también sería testigo de cómo unos technopunks de Londres y letras particularmente violentas llamados The Prodigy, se tomarían la Plaza Roja de Moscú, con una Rusia liderada por un Boris Yeltsin receptivo al libre mercado y que había inducido a su país a múltiples crisis económicas, además de llevar a un tercio de la población a la pobreza. Por otro lado, los músicos y activistas del grupo punk techno Atari Teenage Riot fueron arrestados en 1999 durante unos disturbios el primero de mayo en Berlín por incitar a los asistentes a generar desmanes, además de repetitivos “fuck the police”.

A fin de plasmar el espíritu del fin de siglo, Primal Scream dejaría las drogas y sus referencias a los Stones para despachar un disco electropunk, con una abierta postura en contra de la industria militar norteamericana y que según el líder de la banda, Bobby Gillespie, debía transmitir “lo que es estar en Gran Bretaña en los tiempos que corren”. Es así como “XTRMNTR” (2000) tomaría el dialogo que abre “Out of The Blue” (1980) de Dennis Hopper, realizado por Linda Manz, para, a través de ‘Kill All Hippies’ introducirnos en una distopía global en donde, como el mismo grupo diría, la democracia es sólo una ilusión. Durante la interpretación precisamente de ‘Swastika Eyes’ en el Glastonbury del año 2005, Gillespie ironiza con el saludo Nazi, por lo que finalmente es sacado del escenario.

Previo a los atentados del World Trade Center en 2001, reconocidas bandas de rock norteamericanas de los 90 como R.E.M, The Smashing Pumpkins o Beck, desde distintos lugares habían integrado elementos de la electrónica a sus trabajos. Sin embargo, quizás uno de los giros más duros los darían los ingleses Blur con “Think Tank” (2003), un álbum sin el guitarrista Graham Coxon, y en donde la producción de varios temas corre a cargo del productor y Dj Fat Boy Slim. El trabajo además, rehúye la ironía sobre la política doméstica y los elementos de house y baile que los hicieron populares, para ingresar en un mundo introspectivo, que hablaba de paranoia, guerras y que fue anunciado a través del sencillo ‘Out of Time’, que no por coincidencia, se situaba en un portaviones. Al otro año The Chemical Brothers editarían su quinto album “Push the Button” (2004), que incluía la canción ‘Left Right’, con una letra directamente relacionada a la invasión a Irak:

Whats the difference between Bush and Saddam?
Sheik Ahmed Yassin, Osama Bin Laden or Idi Amin, Fidel Castro
It seems to me they on the same team
They hate only leads to innocent blood streams
If its so important for us to fight for mankind
Well I dont see none of they kinfolk out there on that front line

Blur no serían los únicos que se plegarían a las críticas a la Guerra de Irak y al gobierno de Bush. Sin embargo, y aunque seguirían editando discos hasta este 2015, su poder mediático, su sonido y su capacidad de representar a una generación, pasaría a nuevas manos. El revival No Wave de James Murphy y DFA Records, el coctel transcultural de Diplo o la entrada de Crystal Castles y Canadá a la industria global, llevarían las banderas de la electrónica popular del nuevo siglo. De hablar de violencia se encargaría directamente el videista Romain Gavras y su trabajo junto a gente como Justice, Kanye West y Jay Z y M.I.A. Particularmente comprometido quizás sea el trabajo de esta última que junto a Diplo samplea a The Clash (‘Straight to Hell’ trata sobre los niños huérfanos de Vietnam) para expresar su propia condición de víctima y refugiada de la guerra civil de Sri Lanka.

Pese al arribo de la nueva generación, The Chemical Brothers se mantuvieron como referentes indiscutidos con una carrera prolífica e interesante. La última muestra de ello llegó este año, con un “Born in the Echoes” que da cuenta de una vigencia absoluta tras más de dos décadas de carrera. Es ese trabajo, pero sobre todo su estatus de referente, el que respalda a la banda en su tercera visita a Chile, esta vez como cabezas de cartel del primer SónarSound Santiago. El evento, que tendrá lugar este sábado en Hangares Suricato, es la versión local de Sónar, el festival de vanguardia que –tal como los hermanos químicos- se ha convertido en toda una institución de la música electrónica por su sonido y su ideología. Esas son sólo algunas de las razones por las que la cita del sábado más que un concierto es un encuentro con la historia de una cultura.


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