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“Revolver” y su tiempo: la invención del sonido british

El revolucionario disco de The Beatles cumple 50 años hoy.

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Hacia 1966, Lennon y McCartney tenían una inquietud. Todavía pensaban que sus discos no sonaban lo suficientemente potentes ni rotundos, respecto a las grabaciones que oían en los discos traídos desde Estados Unidos. En especial en comparación con los del sello Tamla Motown, con su sonido rico en bajos.

A pesar que llegado 1966, The Beatles sondearon la posibilidad de grabar su próximo disco en los Estudios Stax en Memphis, finalmente optaron por seguir trabajando en Abbey Road. Esa decisión fue crucial para el disco que acabó siendo “Revolver”. Porque el disco que hoy cumple 50 años encontró a unos músicos que ante las dificultades técnicas, reenfocaron su trabajo de una manera más artística hacia la creación y menos a la repetición de fórmulas, lo que dio como resultado una sonoridad con tintes muy ingleses, que conectaba muy bien con su tiempo; concibieron un álbum cuyo resultado excedió su motivación puramente musical.

Las aprensiones de los Beatles sobre el sonido que conseguían en el estudio tenían alguna base; los años de contracciones económicas tras el fin de la segunda guerra mundial, habían limitado la importación de tecnología, dejando a los estudios de grabación ingleses en una situación desventajosa frente a la pujante industria de los Estados Unidos.

Pero hacia mediados de los 60, Inglaterra mostraba recuperación; eran los días del swinging’ London, de Twiggy, los diseños de Mary Quant, los Austin Mini Cooper, los primeros días de la psicodelia, el laborismo progresista de Harold Wilson, y la conquista de la Copa Mundial de Fútbol por parte de la selección inglesa ese mismo año. Las bandas de la “britsh invasion” estaban de moda, pero era un movimiento musical que nació por imitación al sonido del r&b cocinado en el sur de los Estados Unidos, como los mismos Beatles en sus inicios.

Entonces ese ambiente de efervescencia empujó a los Beatles a dar el paso crucial: lograr el equilibrio entre riesgo e identidad. La experimentación sonora que recogía el ambiente de la Inglaterra de los happy sixties, es lo que ayudó a los de Liverpool a dar el paso de ser una banda de hits, a una banda de artistas. Cuando se llega a ese punto, es cuando los discos y los movimientos trascienden; la Nueva Canción Chilena, pocos años después también tendría la ocasión de iniciar un camino similar, sólo acallado de manera trágica en 1973.

Si bien, ninguna canción del disco tiene una alusión social o política explícita (los Beatles siempre fueron especialmente medidos en ese punto), la experimentación y la inquietud sonora de “Revolver” fue una metáfora de la inquietud social, en tiempos que todo parecía posible: la lucha por los derechos sociales de los afroamericanos, la píldora anticonceptiva, la ropa estrafalaria, las reformas estructurales de Frei Montalva en nuestro país y los gobiernos desarrollistas en América Latina.

Los sonidos de cuerda muy penetrantes en ‘Eleanor Rigby’, los bronces muy presentes en ‘Got to get to into my life’, las guitarras y platillos al revés de ‘I’m only sleeping’, el solo de guitarra estilo Hendrix (antes de Hendrix) en ‘Taxman’, la suite India en ‘Love you to’, las guitarras atronadoras y envolventes en ‘And you bird can sing’, la imposible ‘Tomorrow never knows’, el homenaje a la comedia inglesa de ‘Yellow Submarine’; todos esos puntos memorables de alguna manera resumían un momento social, cuestionaban lo que se debía entender por canción popular y de paso nos entregaba una colección de canciones con carácter e identidad.

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Pero tampoco se trata de una característica exclusivamente musical: el gusto por la comedia y el music hall de Johnn Lennon, la relación de Paul McCartney con la música experimental y el cine, la exploración oriental de George Harrison que calzaba con el típico gusto inglés por lo excéntrico, fueron elementos que Revolver resumió en clave de música popular, sea en detalles como las vocecitas de Lennon en ‘Yellow Submarine’, la dramática ‘For no one’ de McCartney, y los sonidos indios que Harrison reparte en el álbum.

Cierto es que otros artistas como Donovan o The Kinks también adelantaron, en parte, ese paso entre riesgo y sabor típicamente inglés, pero fue en “Revolver” (¿alguien ha pensado en lo fuerte de un nombre como ese?) cuando los Beatles llevaron las cosas a otro nivel, y lo continuarían desarrollando a un nivel henchido de psicodelia en su siguiente disco “Sgt.Pepper’s lonely hearts club band”, influyendo decisivamente en otros trabajos (es imposible no pensar en discos como “Face to Face” de The Kinks, o “The Who sell out” de los Who).

Ese sello, es lo que acabó por definir a los mejores trabajos creados en la isla: “Parklife” de Blur, el debut de Stone Roses, los días de experimentación con el reggae de los Clash, el post punk, el shoegaze, los albums de Radiohead después de 1997, entre varios otros.

El aporte fundamental de “Revolver” fue entregar un fondo a una escena, a un sonido típicamente inglés. Ya no era una diferencia en cuanto a calidad técnica en la grabación, o en lo cercano o lejano al sonido del sur de los Estados Unidos: era un movimiento propio, conectado (con mayor o menor compromiso) con su tiempo y que invitaba al oyente a una experiencia auditiva diferente, con riesgos, pero perfectamente tarareable un día por la calle. Y todo, a partir de la inquietud por mejorar el sonido de su trabajo.


Ama tanto los días de sol, como los discos que se los recuerden. Melómano devoto, escritor de baño público y guitarrista. La música no se mancha.

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