Esperando el huracán

Mini-Festival Huracán
Bar La Remolienda
Viernes 30 de septiembre

Es viernes en la noche y entre las calles del barrio Bellavista ya hay varios grupos reunidos. Algunos de pie y sosteniendo una cerveza, otros sentados en el piso fumándose un pito, o bien envueltos con sus mejores pilchas en la fila para entrar a la disco. Doblando por Pío Nono, en Antonia López de Bello, caminando en dirección hacia el río Mapocho, comenzaron a aparecer algunos alrededor de los veinte años, con la tierna promesa de entrar a la U para asegurarse un futuro en este país.

Nos agolpamos afuera del bar La Remolienda, que prestó el espacio para la realización del Mini-festival de música Huracán, organizado por casi los mismos que más tarde se subirán al escenario a tocar. Esto como antesala de lo que será el Festival Huracán en el Espacio San Diego el próximo 8 de diciembre, que contará con un cartel que incluye, entre otras bandas, a Columpios al Suelo, los argentinos Las Ligas Menores y Las Luces Primeras, Juan Gris desde Perú y el posible regreso de Las Olas.

Tras pasar una reja, una joven señala con cierta timidez que, por la hora, la entrada ya había subido de precio y que ya no se puede salir después de entrar. A esta altura lo mismo de siempre. Varias personas fumaban en una especie de patio y, tras atravesar una puerta, un público ya bastante amplio prestaba su atención en un joven con todo el pelo hacia adelante y gritando de cerca a un micrófono, con una guitarra eléctrica que, combinando con elemen-tos grunge, distorsionaba en clara referencia a Sonic Youth. La formación la completaba un baterista y una chica, también con todo el pelo hacia adelante, que tocaba el bajo y hacía las segundas voces. Eran Adelaida, quienes tras un par de canciones se bajaron tras unos amis-tosos aplausos de los asistentes.

Adelaida

Dolorio y los Tunantes

Luego desde el público se subieron los integrantes de Dolorio y Los Tunantes, una banda que ya ha participado en varios de estos festivales, incluido los que se hacían en el extinto Centro de Formación Técnica (CFT). El vocalista, un joven alto y sin pelos en el rostro, se apodera de inmediato del micrófono diciendo: “Esta vez tocaremos unos seis temas. Bueno, creo que ustedes no merecen mucho más”, mirando rápido hacia atrás con una fugaz sonrisa. Tras la prueba de sonido que ya había dejado a algunos bailando, la agrupación comenzó con su particular ritmo que recuerda en parte a Gang of Four, Pere Ubu o los primeros Talking Heads. Varios comenzaron a saltar y a moverse frenéticamente de un lado a otro, aun cuando un ventilador gigante parecía muy deseoso de enredarse entre las cabelleras de los asistentes y un joven, cámara en mano, lograba a duras penas conseguir un registro del momento. La chica de Las Olas empuja sin querer a otro asistente, pero pide perdón al ins-tante. Acá lo que más hay es buena onda. Entre medio el vocalista, compositor y guitarrista de Columpios al Suelo, Juan Pablo Órdenes, subió para ayudar con el bajo. Acá también todos se apañan.

Mientras los Tunantes terminaron de tocar, en el baño un chico le dice a otro que está rico, haciéndole el característico gesto con las cejas. Se cagan de la risa. Probablemente no sean gays, parecen ser amigos y no tienen problemas con esas bromas. Tampoco con usar aros colgantes, pintarse las uñas o los labios de rojo. Acá todo eso parece no ser tema. Mientras se espera a que suban los Niños del Cerro, varios del público comienzan a corear una canción que suena por los parlantes: “Vamos ya, a pasear, por el parque y las playas de otros planetas y después nos refugiamos en el azul de mi cuarto, y si quieres nos fumamos, todas las primaveras”. Era “Tiempos bajo el sol” de El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco, otra de las bandas insignes de esta nueva escena.

El público se volvió a emocionar cuando subió Niños del Cerro con su pop de reminiscencias ensoñadoras. Entre canciones, el vocalista, emocionado, contó que finalmente tocarían en Lima, a pesar de lo mucho que les costó por culpa de una mísera firma, de la clásica burocracia. Con similar felicidad cuentan que compartirán escenario con Álex Anwandter. Tras ellos subió Patio Solar con sus canciones de espacios íntimos, pequeños rincones del mundo, lazos para toda la vida y paseos por la Costanera (no confundir con el Costanera, difícilmente les interese mucho ese lugar).

Niños del Cerro

Niños del Cerro

Patio Solar

Patio Solar

Finalizando el encuentro la banda argentina Tobogán Andaluz volvió a encender al público con sus canciones, a pesar de los constantes reproches del líder de la agrupación por los problemas de sonido. Luego salió a decir que las bandas chilenas le parecían hermosas, y que de verdad que lo decían en serio, que no eran unos caretas. Quizás desmarcándose un poco de la movida independiente trasandina, tan dolida por lo que se ha sabido sobre abusos sexuales de algunos músicos hacia sus fanáticas (en concreto, La Ola que Quería ser Chau y El Otro Yo).

Estos músicos fueron bastante bien recibidos, confirmando así el cariño por el rock argentino en estas tierras. Sin embargo, luego de terminado el show y cuando todos se disponían a bailar, un hombre era empujado por otro con violencia hacia la salida. Nadie parecía entender mucho qué ocurría. Al rato uno explicó que había estado acosando a unas chicas. Aquel personaje no pareció percatarse de que, al menos en este espacio, donde probablemente esté la gente más piola de Bellavista, no existe tolerancia alguna hacia los que se aprovechan de sus compañeras. Fuera de todo eso, acá lo único que importó fue la música.

Fotos: José Cuevas


Periodista. Apasionado por la literatura, el cine de autor, la música y el conocimiento en general. Le gusta escribir y ha participado en talleres.

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