CFT: El ruido de los escombros

CFT: Sonidos del Underground
Jueves 6 de octubre, Matucana 100
Centro de Formación Técnica (CFT)

Aquella tarde de jueves era para recordar, recordar el CFT (Centro de Formación Técnica), esa antigua bodega de artículos de minería que terminó siendo refugio de músicos, artistas visuales, o gente en general un tanto decepcionada con la industria del entretenimiento que adopta el arte como pose. Y se buscaba recordar, después de que la mayoría de los santiaguinos sufría por la derrota en el partido, organizando una tocata en Matucana 100, espacio bastante más ligado a los espectáculos culturales financiados por grandes marcas. Se buscaba recordar ese espacio -donde el año pasado tocaban bandas que no tenían otro lugar, donde se realizaban instalaciones y performances, se organizaban ferias o fiestas temáticas y que, además, funcionaba como estudio de grabación-, clausurado por orden de la Ilustre Municipalidad de Ñuñoa.

En CFT tocabas una puerta de lata, alguien se asomaba rápidamente y te dejaba pasar. En una mesa de madera tenían una especie de tarro que hacía de alcancía. Si ibas en grupo, te hacían pasar por monedas. Las bicicletas se acomodaban en un rincón y, en un patio de cemento, los que iban se sentaban en el piso tomándose una chela o fumándose un pito con los amigos. Pero esos son recuerdos. Ahora hay que pasar por una reja vigilada por una persona instalada en una diminuta caseta, decir el nombre de la actividad a la que vas, pasar por una boletería y pagar $2.000 (salvo que estés en una lista, por lo demás ya online).

En una de las salas hay un grupo de gente reunida en torno a un escenario, observando a los primeros invitados de la lista, Los Chukukos. Luego fue el turno de los Dolorio y Los Tunantes, una de las bandas que ya tiene su historia en el CFT, como esa vez que improvisaron un ring de boxeo, el día de la famosa “Pelea del Siglo”, cuando el público saltaba descontrolado dentro de la lona mientras ellos tocaban detrás de las cuerdas.

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Esta vez parecían más reposados que aquellos tiempos, incluso más que la semana pasada cuando estuvieron en el Mini-Festival Huracán. Sus canciones ideales para saltar y empujar a quien sea podían ahora apreciarse de otra forma, sobre todo en el momento que decidieron ecualizar sus instrumentos con el fin de reventar los parlantes. El vocalista les lanzaba frases a los asistentes, muchos de ellos evidentemente sus amigos, y los tildaba de palo blanco cuando mostraban demasiado entusiasmo. En un momento se bajó del escenario y le pasó el micrófono al líder de la Macha Permúa Trío, Danilo Valenzuela, para que cantara con él “2667 (Lou Reed en Chile)”. El fin de su presentación lo marcaron con una explosión de sonidos de todos los instrumentos distorsionados al unísono.

Tras ellos se presentó ZAT, una banda que potenció aquella atmósfera sonora experimental, con sus melodías que podían parecer muy precisas a la vez que bastante discordantes, recordando un poco a lo que también hace Swans en otras latitudes. Con el más conocido Matías Cena llegó un poco más de gente además de varios fotógrafos. Con Iraloca era el turno de la disidencia sexual de parte de Irina la Loca, logrando demostrar que es capaz de reinventarse tras la muerte de su compañera Hija de Perra, con una banda en vivo mientras recitaba oraciones controversiales, sobre todo cuando imitó a una niña que fue violada por su tío y que es obligada a ser madre.

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Tras varias canciones, la performista ironizó sobre tocar en ese recinto, el mismo que no se había interesado por ella durante tanto tiempo. Aplausos generales dieron paso a Columpios al Suelo, una banda con años a cuestas pero sin ningún disco publicado, que demostró que tantos años en tocatas no han sido en vano, pasando sin prejuicio alguno del pop más luminoso y particularmente inocente de “Un día afuera” hasta el ruidoso y desgarrador “Hiroshima y Nagasaki” como una certera alegoría de reventarte en el piso tras haber pasado alguna vez por lo alto. Los pocos que siguieron presentes agradecieron con vítores ese sinceramiento, manifestando directo apoyo a que perdure —en Matucana 100, el Centro Arte Alameda o donde sea—, aquel proyecto contracultural que alguna vez se llamó CFT.

Fotos: José Cuevas


Periodista. Apasionado por la literatura, el cine de autor, la música y el conocimiento en general. Le gusta escribir y ha participado en talleres.

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