El último baile de los que sobran

A 15 años del concierto ícono de la música chilena.

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El Estadio Nacional repleto y en el escenario un hecho insólito estaba por ocurrir. Tres músicos nacionales daban comienzo a la doble jornada de conciertos que marcarían un precedente en la historia de la música chilena. Jorge González, Miguel Tapia y Claudio Narea se reunían por primera vez en un escenario tras doce años de separación y abrían con ‘La Voz de los 80’, el himno de toda una generación.

Durante las fechas del 30 de noviembre y 1 de diciembre de 2001 Los Prisioneros congregaron a 140 mil personas, en un evento nacional que se distinguió en muchos aspectos de la producción de conciertos de la época. Los sanmiguelinos regresaban a concretar lo que les había sido arrebatado en dictadura y a consagrarse como la banda más importante de la música nacional.

HITO Y DEUDA

Sólo Los Prisioneros han realizado la hazaña de llenar dos veces el recinto de Ñuñoa, ningún otro artista nacional ha alcanzado ese nivel de masividad y expectación. Salvo por el concierto que realizó Sol y Lluvia el 9 de abril de 1999 que reunió a 60 mil personas en torno a los 21 años del conjunto, nunca el aforo del Estadio Nacional había estado completo ante un chileno.

Las canciones transgresoras y representativas de una generación disconforme que lograba identificarse en la voz de Jorge González fueron la razón del éxito. A lo que se debe sumar una deuda extensiva al público que durante años estuvo privado de ver a la banda en un evento multitudinario y de calidad. En dictadura el nivel de producción estuvo limitado por la represión política y las insuficiencias tecnológicas, por lo que el gran concierto de Los Prisioneros era un deseo no cumplido.

A lo largo de la historia de la música en vivo los chilenos siempre vieron una diferencia radical con la producción de eventos de artistas extranjeros. En términos de recintos, equipamientos y tratos, los nacionales se han visto perjudicados y dejados de lado por los productores de la industria. La música chilena no es considerada rentable por los empresarios del rubro y san miguelinos supieron revertir por sus manos esa realidad.

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Foto: Claudia Montecinos

PRODUCCIÓN CONSECUENTE

“Los Prisioneros reservaron el Estadio Nacional” , titulaba La Tercera y seis días más tarde confirmaban su regreso en una conferencia de prensa en la Feria del Disco de la calle Huérfanos e inmediatamente pusieron a la venta las entradas. Sin necesitar publicidad, en las primeras semanas los tickets se agotaron y se fijó la segunda fecha.

La realización de este concierto estuvo marcada por el respeto de la banda con el público y la consecuencia con ellos mismos. El valor de los boletos iba de los 9.300 a los 12.500 pesos de hoy y sólo con tres ubicaciones, muy diferente a lo que se estila en los megaeventos actuales. No se trabajó con auspiciadores y Feria del Disco vendió las entradas sin cargo por servicio, gracias a un acuerdo con la banda.

A pesar de recibir ofertas de DG Medios y Providencia Televisión para producir el recital, el evento fue gestionado en su totalidad por el trío y su mánager Carlos Fonseca. El equipo trabajó durante nueve meses en completo secreto para diseñar un negocio en el que músicos y público obtenían el mayor beneficio, con bajos costos para los fanáticos y altas ganancias para la banda. Este es un escenario incompatible con la industria del espectáculo y por eso un ejemplo de producción.

“Los Prisioneros y su regreso: ‘Ojalá que esto sea un gran negocio’”, titulaba La Tercera con la irónica frase de Jorge González y concentraba su atención en las ganancias económicas que obtendría los músicos.

“El dinero solo ha sido destacado por los medios y creo que es ensalzar la cultura del fracaso (…) No veo qué problema hay si es un buen o mal negocio, esto es un trabajo. Podríamos haber vendido entradas más caras, pero no queríamos hacerle eso a la gente” , respondía Fonseca.

Efectivamente fue un buen negocio, cuyo éxito radicó en por fin ver a los tres integrantes reunidos en torno a la música. Tras la conferencia de prensa ninguno volvió a aparecer y los planes de publicitar el concierto se desecharon rápidamente. La única aparición pública fue en el programa de televisión De Pé a Pá en TVN, que marcó una cifra de rating inédita para un grupo de rock chileno.

Luego de la doble fecha en el Estadio Nacional el equipo realizó una gira nacional que duró cerca de un año. El mismo montaje fue presentado desde Arica a Puerto Montt, con un trabajo de producción que incluyó llevar todos los equipos e infraestructura a cada localidad.

LA VOZ DE LOS 80

En las más de tres horas que duró cada jornada los músicos recorrieron a su antojo el repertorio de canciones que los llevaron a ese escenario. Disfrutaron de su momento y sin darse cuenta instalaron un recuerdo imborrable en los asistentes. En el Coliseo de Ñuñoa se vivieron dos noches extraordinarias que unieron a varias generaciones en torno a una sola banda, cuyas composiciones no tienen edad y logran mantenerse vigentes.

Hace 15 años Los Prisioneros estrecharon más aún su relación con el público y lo que pasó en ese escenario fue el merecido reconocimiento a la banda más influyente de su época. Rememorar ambas noches es congelar el momento más álgido de la verdadera Voz de los 80.


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