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Inedit Néscafé 2016: ¿Qué pasaría mañana si la música desapareciese?

En su 13a versión el festival de cine y documental Inedit Nescafé trajo consigo, además de una predominancia del punk como tema central y varias cintas enfocadas en las biografías de músicos y bandas, una cantidad razonable de material de carácter más satelital que tienen relación con la música, pero su enfoque revisa aristas menos visibles poniendo el foco en la historia que se cuenta por sobre la predominancia del nombre de un grupo; es en este nivel de la grilla dónde nos topamos con cintas atractivas como “I Am Thor” (2015) o “Sonita” (2015) y donde generalmente está lo más llamativo del festival, consiguiendo traer piezas de difícil acceso, incluso en la era del internet, para el público en general.

Lamentablemente la cantidad de pases que tiene cada película muchas veces hace difícil congeniar los tiempos y quizás varias de estas cintas podrían haber tenido una mayor repercusión al tener aunque fuese una o dos pasadas más. Más allá de ello, y como se decía más arriba, la tesis, el mensaje o el hilo conductor que nos plantean puede llegar a ser mucho más que interesante.

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Imagine waking up tomorrow and all music has disappeared
Stefan Schwietert |2015 | Alemania | 83’

Bill Drummond es una especie de activista contracultural que con un pasado muy singular (tuvo una banda pop de la cual hizo desaparecer cualquier vestigio y registro de su música, así como también generó revuelo por quemar un millón de libras en billetes) en este documental trata de llevar a cabo un experimento musical en el cual nos plantea, como espectadores, la siguiente pregunta: ¿Qué pasaría si mañana despertásemos y toda la música que conocemos hubiese desaparecido?

Ya no solo hablando de grabaciones, sino también de los instrumentos con que eran tocadas; todo rastro, volver a un punto muerto en la historia donde no existe la música como la conocemos hoy. No obstante lo que busca plantear va más allá de lo situacional: va de reimaginar las capacidades de las personas para poder crear.

Es por ello que se embarca por todo Gran Bretaña y parte de Europa en su proyecto titulado The 17, el cual ocupa a personas comunes y corrientes: obreros, trabajadoras de fábricas, monjas, taxistas etc, para que emitan una melodía, sonido, etc para que posteriormente él los reúna en una sola gran pieza musical.

Eso sí, limita la escucha de la pieza terminada solamente a las personas que participaron como parte del proyecto interpretando sonidos. Se asume por ende, en el documental veremos como va reuniendo las interpretaciones- hay una escena en Berlín particularmente bella donde se coordina un efecto surround alrededor de una plaza con la colaboración de muchos transeúntes – más nunca escucharemos el resultado final.

En definitiva una de esas cintas que es toda una experiencia ver, más allá de cierto pasaje interactivo con la audiencia de la sala, y que realmente consigue generar la inquietud en el espectador si realmente tener todo a mano, no estará menoscabando nuestra capacidad creativa como sociedad.

Raving Iran
2016 | Sue Meures | Suiza | 84’

El florecer de la música en parajes tan inhóspitos como los lugares donde los quiebres sociales, políticos y culturales luchan más bien por una sobreposición obligatoria, que por el natural fluir de la misma, lucen muchas veces como muros inescrutables que impiden cualquier atisbo de libertad. Es interesante por ello mismo el relato que cuentan Anoosh y Arash, dos Djs que habitan en Teherán y tratan de hacer llegar sus sonidos enfocados en el house hacia la masividad, aun teniendo en contra todo un sistema prohibitivo.

Y es que durante el documental vemos dónde han sido confinados. Ya no porque sea una música irreverente o política (en varios pasajes aluden a que no hacen música política) si no que el material que producen conlleva cierta occidentalidad que debe ser reproducida en los márgenes conceptuales y literales de la cultura iraní.

Fiestas clandestinas en el desierto, moviéndose en el underground o tratando de negociar en imprentas clandestinas para poder imprimir sus discos sin permiso; somos testigos del recorrido que realizan ambos muchachos tratando de visibilizar dentro de sus medios su música. Y es que más allá del atrevimiento de hacer la música que gustan y apostar por un futuro incierto; es el miedo constante a la policía, a ser capturado y castigado el que da el tono al documental.

Una situación que ve su punto de escape con la posibilidad de participar de un festival en Suiza. Una vía de salida que cambiará el paradigma de ambos protagonistas y los situará en esa coyuntura de tratar de emigrar de su país aun sin la certeza de poder asentarse.

En resumen, se puede empatizar o no con la estética sonora de Blade & Beard (nombre del dúo), no obstante el trasfondo social que se mueve detrás, entre la libertad de expresar y la incertidumbre del futuro, le dan un backup sumamente potente a la cinta.

Breaking a Monster
Luke Meyer | 2015 | Estados Unidos | 92’

Discernir lo que se nos quiere contar, lo que se nos vela y lo que es realmente auténtico en un documental es -a grandes rasgos- una de las muchas aristas desde las que podemos abordar la apreciación de una obra. En algunos se vuelve mucha más clara esta cualidad, así como en otros está mucho más encriptada.

En el caso de “Breaking a Monster” una cinta que busca documentar los inicios de Unlocking The Truth, una boyband enfocada al metal, salvo por leves matices parece mucho más la promoción de una marca como tal, siendo excesivamente amable por quienes impulsan la carrera de estos niños, que una fotografía creíble de la angustia por el éxito que se entrevé en algunos pasajes.

Y es que pese a esta capa de visible consideración para con algunos personajes importantes de la cinta, como el manager por ejemplo, de forma algo floja y bajo ningún punto como foco central, hace notar el difícil camino que toman niños que deben firmar contratos que no entienden, que anhelan jugar para escapar un rato de las agendas en las que se ven insertos producto de la repentina fama, así como las prohibiciones que conlleva una marcialidad inherente al profesionalismo.

Como total consigue definir los anhelos y miedos de sus miembros. Sin más, la escena en que uno de los niños ve un video en Youtube donde critican abiertamente a su banda y él asume que han sido fichados por una discográfica por ser niños y además por poseer piel de color, y aun con todo ello decide continuar porque está haciendo lo que él siempre soñó, debe ser el momento central de todo el recorrido. No obstante y pese con ello, todo lo que rodea a los protagonistas es dibujado con un cariz excesivamente extraño y edulcorado que, como mínimo, hace dudar de su veracidad.

Foto. Rita Delaire


When i'm king you will be first against the wall (@panchosintuiter).

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