Una alternativa al centralismo

El fin de semana pasado viajé ocho horas en bus para asistir a un festival, algo que una santiaguina enraizada como yo jamás había hecho. Porque desde que nació la industria masiva de la música en vivo, la gran mayoría de los conciertos, por no decir prácticamente todos, se han realizado en el centro de Santiago.

Ni siquiera existe una movilidad dentro de la misma capital: todos los eventos se concentran en la misma comuna, con excepciones recientes que han tenido poca permanencia en cartelera. A esta industria con personalidad de lucro no le importa conseguir un público diverso reunido gracias a la música. Más bien, busca las máximas ganancias al mínimo costo, como todos los negocios, por eso el centralismo nunca ha sido visto como un problema.

Según los datos más recientes publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la Región Metropolitana concentró un 57,4% del total de los espectáculos musicales –gratuitos y pagados- realizados en Chile en 2015, seguida por la Región de Valparaíso con el 9,1% del total.

Lo mismo pasa con los fondos de cultura. Según el Observatorio de Políticas Culturales, para la convocatoria del año pasado un 44% fue otorgado a la Región Metropolitana. Estas cifras delinean el panorama que vive no sólo la industria de la música, sino todas las expresiones artísticas y eventos culturales que se realizan en Chile.

Esta brecha con las regiones impide el desarrollo cultural del país y evita extender el acceso a la cultura a todas las personas. Sin considerar los precios privativos y elitistas de los conciertos, es básico desarrollar otras capitales culturales en las que –quizá hoy- no existe un público masivo capaz de llenar estadios, pero sí hay una población ávida por consumir cultura que no está siendo satisfecha.

No sólo los santiaguinos aman asistir a conciertos, a lo largo de todo este estrecho país existen consumidores culturales o potenciales espectadores que con gusto se movilizarían para escuchar música en vivo.

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Ilustración: kariiwho

En el fondo, viajé porque quería vivir la experiencia de movilizarme por música y también quería apoyar con acciones concretas una iniciativa que –desde Santiago- me parecía una muestra del camino que se debe emprender para combatir este arraigado centralismo.

Y efectivamente muchos elementos hacen de Rock en Conce (REC) un evento integrador, por ejemplo, que sea gratuito y de libre acceso, además de la diversidad de géneros y procedencia de las bandas. Pero lo más importante es que sea capaz de convocar a casi 100 mil personas en dos jornadas a más de 500 km de Santiago.

REC es sólo una iniciativa aislada en la industria masiva de la música, que espero se mantenga y consolide a lo largo del tiempo. El siguiente paso es que otros repliquen este tipo de eventos, ya sea Estado, municipalidades y privados, por sobre todo privados, para que en conjunto hagamos frente a este centralismo que nos condiciona y limita como país.


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