Gorillaz – Humanz (2017)

Las obras de arte más valiosas son las que se alimentan del contexto en que se producen. Las que cuestionan los procesos políticos y buscan cambiar la realidad inmediata, porque son capaces de manifestar el descontento de sus creadores e identificar a una generación.

En el presente 2017, muchos elementos propios de la ciencia ficción se han trasformado en componentes de la realidad. Una realidad que por momentos pareciera más ficticia que cualquiera de aquellas películas que encarnan los peores miedos.

Tecnología invasiva, líderes absurdos, relaciones sociales exiguas, libertades artificiales. Estos tópicos inspiran la lista de 26 canciones que conforman la placa doble Humanz (2017), última producción de la banda humana-virtual Gorillaz, desde Plastic Beach, lanzado hace siete años.

Para la creación del disco, los británicos Damon Albarn y Jamie Hewlett se situaron en el contexto político y social de Europa y Estados Unidos, y plantearon la situación hipotética: Imagina la noche donde todo aquello que tuviste y creíste desaparece ¿Cuál sería la banda sonora para la última fiesta antes del apocalipsis?

El resultado fueron composiciones que van del éxtasis a la tristeza, la urgencia, la ironía, el dolor y la reflexión, como todos los estados de ánimo que se atravesarían en una situación de este tipo. Es por esto que el disco explota los momentos, siendo capaz de brindar al auditor un compilado de emociones extremas. Una mixtura ficticia y al mismo tiempo real.

Con marcada influencia negra, la música de Humanz se moviliza por el hip hop, rap, R&B, funk, dancehall e incluso reggae, todo atravesado por la esencia electrónica que ha caracterizado a Gorillaz desde su primer disco homónimo (2001).

A esto se suma la larga lista de colaboraciones con los más diversos músicos, entre los que se cuentan Grace Jones, Benjamin Clementine, Vince Staples, Danny Brown, De La Soul, Kelela, Pusha T, D.R.A.M, Mavis Staples, Jehnny Beth (Savages), Popcaan y Noel Gallagher.

De esta fórmula resulta una placa heterogénea y versátil -ninguna composición es igual a otra-, en la que abundan los hits cargados de energía y actitud, con un manejo milimétrico de los instantes de tensión y suspenso que componen este viaje musical. Sin embargo, estos elementos son sólo una parte de la riqueza del disco.

Aquí la música no es relevante sólo como música, sino que su valor radica en el fin que se le atribuye y de qué manera se ocupa: la decisión de no abstraerse a la realidad y plasmar una visión crítica tanto sobre el curso que toma la sociedad así como de la coyuntura política. De ahí que el concepto apocalíptico represente de la manera más creativa y fidedigna el escenario actual.

“We are still humans? How will we know?” (¿Aún somos humanos? ¿Cómo lo sabremos?) se cuestiona Damon Albarn en la canción de raíz gospel “Hallelujah Money”, con la colaboración de la potente voz de Benjamin Clementine. Lanzado el día antes de la investidura de Donald Trump en Estados Unidos, este tema es una sátira poética al líder multimillonario y al afán de poder de personajes como él.

Del mismo modo irónico se enfrentan a la superficialidad y la carencia de identidad que padecen las personas, en una sociedad que sólo da espacio a personalidades industrializadas. “I promise to be different, I promise to be unique, I promise not to repeat what other people say” (Yo prometo ser diferente, yo prometo ser único, yo prometo no repetir lo que dicen otras personas), versa “The non-conformist oah”, un interludio donde el público repite el manifiesto de su líder.

En esta escalada de temas el álbum se condensa con la composición final del primer disco, titulada “We got the power”. Es un término enérgico que logra pasar de la desolación a la esperanza, por medio del electro pop con acento coral en frases como: “We got the power to be loving each other no matter what happens. We’ve got the power to do that” (Tenemos el poder de amarnos sin importar lo que pase. Tenemos el poder de hacerlo).

La banda integrada por los personajes virtuales 2-D, Noodle, Murdoc y Russel desde su fundación se ha desmarcado de las líneas convencionales de la industria de la música y ha empleado la tecnología para entregar un mensaje. Cuando la locura se expande y contamina las relaciones, Gorillaz se levanta para cuestionar y llamar a través de la música a no volvernos tan locos, porque somos humanos después de todo.


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