Las raíces latinas de Neon Indian

Este sábado, Neon Indian debuta en Chile en el marco del festival Fauna Primavera. Será la primera vez que el proyecto de Alan Palomo gire por Sudamérica, aunque su vínculo con la región viene de mucho antes.

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Pese a que ha pasado casi toda su vida en Estados Unidos, Alan Palomo (29) habla en un español casi perfecto. Al teléfono desde su casa en Brooklyn, Nueva York, el músico y mente tras Neon Indian expresa con facilidad sus ideas sobre la que será su primera gira por Sudamérica.

“Estoy súper feliz de que finalmente, después de ocho años, tenemos la oportunidad de llegar hasta allá. Alguna vez en el 2014 me presenté de DJ en Buenos Aires, pero esto es muy distinto, mucho mejor”, dice de entrada sobre el periplo con el que hará su debut en Chile, este sábado 11 de noviembre en el marco de Fauna Primavera (15:00 hrs; Ballantine’s Stage).

Los ocho años a los que hace alusión Palomo no son al azar: en 2009, luego de subir a internet los experimentos musicales que hacía mientras postulaba a una escuela de cine En Texas, el músico estrenó “Psychic Chasms”, su primer disco como Neon Indian y con el que empezó todo. Ese trabajo, que incluso lo llevaría a las páginas de Rolling Stone y a ser comentario obligado de sitios como Pitchfork, fue el que un año después lo situó en el centro de la chillwave, la etiqueta ampliamente usada en ese tiempo en los blogs especializados que lo linkeó con artistas como Toro y Moi y Washed Out, y que alistó el terreno para que “Era Extraña” (2011), su segundo álbum, terminará teniendo todavía más atención.

De eso tuvieron que pasar cuatro años para que Palomo volviera con “Vega Intl. Night School” (2015), su tercer largaduración y el responsable de traerlo a Santiago.

“Honestamente, a los 21 años tratar de conducir esa máquina que estaba creciendo a esa velocidad fue algo increíblemente surreal. Al inicio yo comencé el proyecto de Neon Indian como un ejercicio creativo, y pues nunca anticipé que iba a ser algo en lo que pudiera vivir y que me pudiera dar voz como artista. Es algo que respeto mucho. Tener la oportunidad de poder ir a otro lado, a otra parte del mundo, y encontrarme con gente que conoce la música, que son fans, es algo súper surreal”, reflexiona Palomo sobre el proceso que inauguró hace casi una década.

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VISIÓN NEWYORKER

Lanzado en octubre del 2015, “Vega Intl. Night School” mostró la cara más hedonista de Palomo. Si en sus dos trabajos anteriores el oriundo de Monterrey daba énfasis a las texturas en una serie de collages sonoros de inspiración lisérgica, en su último disco da prioridad al ritmo, a su sensibilidad r&b y a una atmósfera que invita a la pista de baile. Esa intención se ve manifiesta en canciones como ‘The Glitzy Hive’, ‘Smut!’ y ‘Techno Clique’.

Fuera de lo sonoro, el álbum también tiene un concepto detrás de sus canciones: una visión personal de Nueva York. “Pues sí, honestamente fue muy influenciado por el cine. En particular, por muchos directores que tienen sus propias interpretaciones de la experiencia neoyorquina. Saqué mucho de las películas de Spike Lee, de Scorsese”, lanza Palomo.

Luego continúa explicando: “Yo creo que es una ciudad tan única que pueden haber dos películas basadas en ella, incluso en el mismo vecindario, y tener diferentes interpretaciones. Y yo creo que es por la diversidad, por el tamaño, por la población, por la cultura. Quería encontrar una manera de contar, de parte de mi mente distorsionada, mis años en Nueva York, mi visión de lo que es ser newyorker. De ahí pensé que si no podía filmar una película, al menos podía hacer un álbum”.

En “Era Extraña” echaste mano a una gran cantidad de sintetizadores e incluso a recursos como el circuit bending. De hecho, la versión de lujo del disco venía con uno de esos experimentos (PAL 198X). ¿La forma en que grabaste “Vega Intl. Night School” fue distinta?

En el segundo disco utilicé todas las herramientas que tenía disponible, cosas que he acumulado en los últimos 10 años de músico, y en ese sentido fue como una mezcla de todas esas diferentes épocas. En cierto modo, siento que si sigue el proyecto voy a tener que cambiar la estética para que se mantenga interesante. Pues porque para mí eran cosas que empecé a hacer y que seguí refinando. Pero lo que quise hacer con este disco fue mantener sólo tres sintetizadores. En ellos hice la mayoría del trabajo.

¿Cuáles fueron esos sintetizadores?

Uno de ellos era el Mini Moog, el otro era el Memory Moog, y el otro era el Korg PS3100. Y pues sí, más o menos quise… porque el segundo disco traté de usar como 10 o 12 sintes y era demasiado. Con más opciones te confundes más. Así que quise refinar el concepto y saber que precisamente lo iba a ejecutar con tres instrumentos.

Hablabas del Mini Moog. ¿Es el que sale en la portada del disco?

No, el que sale en la portada es el Korg PS3100.

La portada también recuerda a una de Kraftwerk.

Sí, eso definitivamente fue una influencia. Me hace gracia que lograras esa conexión, porque sí, sé cuál disco es, es uno de los primeros, creo que “Ralf und Florian”. ¡Le atinaste!

¿Quisiste lograr esa estética retrofuturista?

Sí, francamente sí me sentí motivado por crear un anacronismo, en cierto modo, musical. Algo un poco perdido en el tiempo, difícil de atinar en lo estético, pero evocando ciertas imágenes que te hace soñar un poquito.

Últimamente has publicado muchas fotos tuyas con una polera de Yellow Magic Orchestra. ¿Esa banda fue influencia para este trabajo y para la música que haces?

Pues sí. Honestamente lo son desde los 19 años, que fue la primera vez que escuché Yellow Magic Orchestra cuando estaba viviendo en Texas. Un amigo me dio un mp3 de “Solid State Survivor”, que sigue siendo uno de mis favoritos. Y sí, en los primeros días de Neon Indian, en esos primeros años, fue una influencia así como masiva. En particular la canción ‘Psychic Chasm’ tiene momentos que para mí evocan las composiciones de Sakamoto y de Hosono. Y nunca he perdido esa influencia, sigo atinado con esos tipos, porque pues tienen tantos discos, como YMO y como solistas. Para mí son como los Beatles japoneses. Son increíbles.

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Portada de “Vega Intl. Night School” (2015)

CUMBIA Y CHICHA

En mayo del 2015, Neon Indian estrenó ‘Annie’, un single de adelanto de “Vega Intl. Night School” que dejó una sorpresa: su sonido influenciado por la cumbia. Era la primera vez que el popular género latino aparecía en el radar de la banda.

¿Fue la cumbia una influencia real? ¿Podrían manifestarse en futuros trabajos?

Definitivamente, es lo que mi hermano y yo hemos estado explorando en algunas de las grabaciones que hemos estado haciendo. En ese entonces ya tenía un poquito de esa onda como cumbiero, ‘Annie’ tiene ese sonido de cumbia ochentera, pero ahora he estado explorando más ese estilo y tratando de escribir con esos códigos. Ahora también estoy escuchando mucho chicha, música como Los Shapis. Es que para mí muchas de las grabaciones de grupos como estos se oyen lo-fi, son un poquito sicodélicos, así como onda ayahuasca o algo, y pues sí veo algo muy interesante que explorar. Yo creo que es solamente el inicio del sabor latino en Neon Indian.

Hablabas de nuevo material. ¿Ya estás trabajando en lo que podría ser un nuevo disco de Neon Indian?

Pues yo creo que en lo que estamos trabajando ahorita está muy en pañales. Son demasiado preliminares como para poder comentar lo que estamos haciendo, pero sí activamente estoy componiendo. Quién sabe, ojalá que pronto se venga algo nuevo.

Sobre el show en Fauna Primavera, ¿qué están preparando?

Va a ser algo súper divertido, un poco improvisado y amorfo. Y, pues ojalá que se animen a bailar.

Que es algo que ahora tú haces mucho en los shows.

Sí, vamos a decir que es casi un poquito demasiado. A veces bailo demasiado, tengo que encontrar un balance (risas).

Foto principal: Rozette Rago


Periodista. Director de Melómanos Magazine (@ignaciosilvva).

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