LEYENDO

La travesía de Arranquemos del Invierno

La travesía de Arranquemos del Invierno

Durante un año, Pablo Álvarez vivió en la cordillera. Ahí, aislado en un poblado coherente con la narrativa de su proyecto, el ex vocalista de Niño Cohete creó las cuatro canciones de “Sol de Los Andes”, el EP que lo devolvió a la actividad como Arranquemos de Invierno luego de cuatro años y que el 8 de noviembre presentará en Matucana 100.

***

Pablo Álvarez (34) tenía un plan claro. Luego del fin de Niño Cohete, la banda que encabezó por más de un lustro y con la que alcanzó un considerable nivel de éxito, el músico definió abandonar Concepción e instalarse junto a su familia en un lugar alejado, cercano a la cordillera.

“Me fui a vivir al Valle Las Trancas, en la región de Ñuble, arriba pa la cordillera. Bosque, montaña, nieve, frío. Nos queríamos ir a vivir pa allá y nos cambiamos no más pa ver qué pasaba”, recuerda ahora el cantante. “La idea era salir un poco de la ciudad y vivir en un lugar como ese, que es full naturaleza intensa. Al final estuvimos durante todo 2017 allá”.

Fue ese lugar, que Álvarez describe como “de temporada, muy turístico y ermitaño”, donde nacieron las cuatro canciones de “Sol de Los Andes”, el disco que devolvió a la actividad a Arranquemos del Invierno, el proyecto solista que comenzó en 2012 -y en paralelo a Niño Cohete- con un EP homónimo y que continuó dos años después con un largaduración titulado “Ancestros”.

“El contexto obvio que influencia la música, hay mucho de ese lugar en el disco. Además fue un año bien intenso; bueno, vivir allá lo es. No sé po, nos tocó un invierno re crudo, con harta nieve, mucho frío. Todo eso hizo que el disco sea bien emo”, resume Álvarez. “Además siempre trato de ficcionar; armar una historia en torno a la música y crear un escenario. Y este lugar me llevó a inventar un escenario post apocalíptico, como la tierra sin humanos, que tiene que ver con que estaba súper ermitaño allá”.

MILAGRO

Lo cierto es que el plan de vivir en la cordillera no contemplaba que nacieran nuevas canciones. De hecho, las intenciones distaban mucho de eso: desde hace un par de años, Álvarez venía madurando la idea de recorrer Sudamérica y vivir de manera nómade; lo que lo llevó a mantenerse alejado de la música.

“Era un proyecto grande, un mega plan. Pero fracasó. Eso también influyó”, reconoce el músico. Bajo ese contexto, la motivación para volver a hacer canciones vendría de una conversación con un personaje relevante en su carrera: Fernando Milagros.

“Al Feña lo conozco desde que produjo el “Aves de Chile” de los Cohete y fue a quien se me ocurrió recurrir. Tenía ganas de hacer algo, de volver al oficio de hacer, de grabar, de producir, de promocionar, de hacer el video. Todo ese trabajo que hay detrás de una canción”, relata Álvarez. Luego continúa: “Le dije que quería lanzar un single y le ofrecí producirlo. Él me dijo que ya, pero que mejor hiciéramos un EP. Ahí le dije que tenía como dos o tres canciones, así que me dijo que me armara una o dos más para que hiciéramos un EP. Así empezamos a pimponear por internet, aunque también me pegué un par de viajes a Santiago para trabajar”.

En esos viajes la dupla se reunió a grabar en Kinshasa, un estudio en Ñuñoa donde Milagros comparte espacio con otros productores e ingenieros como Cristóbal Carvajal. “El del Feña es como un home studio. Ahí grabamos. Es muy simple; micrófono, armando en el compu, fue súper orgánico el proceso. De ahí el Cristóbal lo mezcló en su estudio, con sus consolas. Después lo mandamos a masterizar a Alemania. Quedó bueno, fue bacán el proceso, fue muy fluido, muy rápido”.

-¿Tenías alguna fijación con las canciones? ¿Querías que quedaran de cierta forma?

-Sí, uno de los parámetros que pusimos con el Feña fue la idea de no darnos muchas vueltas. De hecho, no hicimos reproducción, no maqueteamos nada; nos juntamos a grabar al toque. Yo grababa con el celular allá en Las Trancas, le mandaba las canciones, y de ahí me pegué un par de viajes a Santiago, nos juntamos en Kinshasa, y era como “ya, ¿qué hacemos?”. Y empezábamos a grabar al toque. Fue como un trabajo de preproducción, producción, mezcla, todo junto.

-El disco tiene una narrativa bien marcada, se nota que tras él hay una crisis.

-Sí, las crisis. Es que lo que pasa es que la música tiende a ser bien catártica, el arte en general es bien de sentimiento, catarsis, trance. Y eso se activa en los periodos de crisis, de achaque, en los momentos más oscuros. Entonces ahí te aflora más, te conectas con algo más profundo, que puede ser una pena o una alegría muy grande. Generalmente es pena, lamentablemente (risas). Al menos a mí me funciona más con la pena que con la alegría. Creo que sí, es un disco que nace desde la crisis.

-¿Sueles componer en situaciones de pena, de crisis?

-Trato de irme pa allá.

-¿Pero en los discos de Niño Cohete y Arranquemos del Invierno que habías hecho antes?

-Siempre trato de irme a un lado medio oscurillo. Primero de encontrarme con un sentimiento que aflore algo, que generalmente es la pena. Es tortuoso. Y hacerlo desde la guata, un poco abordarlo desde ahí. Es como entrar en un estado emocional, y en ese estado usar algunas herramientas que vas recolectando, como palabras o frases o cosas que te hagan algún sentido; que te guste una palabra de la nada. A veces ves una palabra que no cachabas y significa algo, y terminas inventando una historia en torno a esa pura palabra. Siempre en un contexto dentro de un estado de ánimo, ¿cachay?

-En el sentido de las palabras, ‘Ayayai’, el single, es una expresión súper particular.

-Claro. O a veces hay palabras como ‘Liquen’, que hay una canción en este disco que se llama así. Encontré bacán la palabra y lo que significa. Liquen es como un musgo, un musgo que sale en lugares húmedos, esa típica superficie verde de la humedad. Esos son los liquen. Donde estaba viviendo hay mucho liquen, sale mucho, siempre hay. Pero es una palabra con la que te empiezas a imaginar cosas medias metafóricas, o qué sé yo. Tratas de conectarla o metaforizarla de cierta manera. Tampoco es que tenga un proceso así tan armado, tan teórico tampoco. Pero así es más o menos como siempre lo he hecho, no creo que haya cambiado mucho en este disco.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

NIÑO COHETE

El segundo día del 2017 la página de Facebook de Niño Cohete se actualizó con una inesperada noticia.

“Amigos, durante los últimos 6 años hemos compartido muchas alegrías con ustedes, hoy traemos una triste noticia. Pablo, nuestro vocalista, ha decidido tomar otro camino, por eso Niño Cohete no seguirá tocando”, decía el mensaje, en el que también se anunciaba que el grupo tendría conciertos de despedida en Santiago y Concepción.

“¿Cómo fue el último tiempo con la banda? En realidad notábamos que estaba pelúa la hueá. Nunca lograbas algo concreto; ya había pasado todo y estaba igual. Habías hecho caleta de hueás y estabas donde mismo”, recuerda ahora Álvarez.

-A ustedes igual les fue bien. ¿O eso era algo que se veía de afuera?

-O sea, es que te va bien, pero tampoco logras autofinanciar el proyecto ni autofinanciarte. Es súper ingrato en ese sentido. Es como hueón, qué más. Ya tocamos en el Lollapalooza, tocamos aquí, tocamos allá, hicimos todos estos disco, hacemos otro y qué más va a pasar. Y estay ahí ratoneando con las lucas.

-¿En ese tiempo igual tenías que trabajar en otras cosas?

-Obvio que sí. Todo el rato, todos.

-En algún momento ustedes eran como el símbolo de las bandas que les iba bien, que les estaban saliendo las cosas.

-Claro, pero no alcanzaba. Es heavy. Bueno, yo no sé cómo será el caso de gente más grande, más populares como el Gepe. Pero es heavy que tengas que llegar a ese nivel de popularidad para poder vivir tranquilo, y yo creo que ni siquiera.

-¿Y la separación de la banda tuvo que ver con eso?

-No, no, para nada. Si la razón principal era que yo me iba a ir, no podía seguir tocando. Me iba a ir de viaje y no podía seguir tocando, porque el viaje iba a durar harto tiempo.

-Los chiquillos con los que eran Niño Cohete ahora están tocando.

-Si po, como mondomamba. Está bacán.

-¿No has pensado en que podrían volver a tocar, reunirse?

-O sea, obvio que lo he pensado, pero creo que no está en los planes. No sé si los cabros tampoco tengan ánimos de hacerlo, tampoco les he preguntado, pero nunca se descarta. Nunca se sabe lo que va a pasar. Pero por ahora estoy full con Arranquemos y creo que va bien.

Arranquemos del Invierno - Fotos por milabelen-83

-Ahora que estás en este nuevo escenario en el que volviste a Conce, sacaste el disco, ¿qué piensas para el futuro?

-Estoy motivado. Tenemos la gira, tenemos lanzamiento en Conce el 22 de noviembre en el Teatro Bio Bio, y el lanzamiento en Santiago el 8 en Matucana 100. Ahora, igual la idea es guardarse para los lanzamientos, no empezar a tocar como locos. Voy a lanzar otro videoclip ahora, un amigo lo está haciendo y está quedando bacán. Lo grabamos en Conce.

-¿Echabas de menos tocar?

-No tanto, hueón.

-Con Niño Cohete, ¿te cansaste en algún punto?

-No, de tocar no. Quizás había cosas puntuales con las que a veces no me sentía tan cómodo, pero no, me gustaba tocar. Lo pasaba bien, con los cabros lo pasábamos bacán. Éramos un grupo humano increíble y eso era bacán. Pero así como echar de menos tocar, igual me gusta caleta hacer otras cosas; también me alimentaba de otras cosas. Sí es bacán volver a tocar, pero cuidando mucho el rito al hacerlo. Y así es como quiero hacerlo ahora.

*Arranquemos del Invierno lanzará “Sol de Los Andes” el 8 de noviembre en Matucana 100. Más información en este enlace.

Fotos: Mila Belén


Periodista. Director de Melómanos Magazine (@ignaciosilvva).

TE PUEDE INTERESAR

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *