Foals: Bringing la raja

Sideshow Lollapalooza: Foals
Martes 2 de abril, Teatro La Cúpula

Suena a cliché repetido, pero tiene mucho de cierto: la vida da revanchas. Al menos eso se me vino a la cabeza ayer mientras caminaba al concierto de Foals y pensaba en los fans que probablemente no los habían podido ver un par de días antes en Lollapalooza (ya sea por el valor de las entradas o por el tope de horario entre su show y el de Rosalía) pero que ahora lo harían en La Cúpula.

Ese detalle no era menor: fue en ese escenario que la banda de Oxford había dado en 2016 el -a la fecha- mejor show de una relación con Chile que partió en 2011 como número de apertura de Red Hot Chili Peppers, y que siguió luego en Lollapalooza. Tal vez por eso la expectativa era mayor, y así al menos se sentía en el recinto del Parque O’Higgins minutos antes de las 21:30. Era la energía en suspensión de un lugar a punto de explotar.

La mecha se prendió puntualmente cuando el ahora cuarteto (que en vivo suma al bajista de Everything Everything, Jeremy Pritchard) salió repentinamente a escena e interpretó ‘On the Luna’, de su recién editado quinto disco “Everything Not Saved Will Be Lost – Part 1”, a la que siguieron con ‘Mountain at My Gates’.

De entrada con esas dos canciones el grupo no sólo comenzó a confirmar que la que se venía sería una noche inolvidable, sino que también demostró lo bien desarrollada que tienen su nueva faceta, en la que los sintetizadores toman mayor protagonismo y la energía de los primeros días se manifiesta ahora transformada en una pulcritud que incluso da espacio para complejas improvisaciones que aúnan math rock con texturas electrónicas.

Como acostumbran, los británicos sonaron perfectos y se notaron cohesionados, dando incluso más vida a un set de temas que en discos ya son intensos. En eso, por supuesto, es fundamental la habilidad interpretativa de sus integrantes, sobre todo de ese metrónomo humano que es el baterista Jack Bevan y del tecladista Edwin Congreave, el cerebro de esta nueva etapa.

Sumado a eso, y como en todas sus anteriores visitas, la banda mantuvo la energía a tope de principio a fin: no importa la edad que tengas, viendo a Foals es imposible que no sientas el ímpetu y la energía de tus días de juventud. Esa sensación se vería incluso enaltecida luego con el arribo de las canciones de la primera etapa del cuarteto (‘Olympic Airways’, ‘My Number’, ‘Red Socks Pugie’) en las que los ritmos acelerados invitan a saltar a la vez que Yannis Philippakis, acaso uno de los grandes frontmans del indie actual, se funde en la energía siempre junto a su Travis Bean a la cintura.

Lo habían prometido hora antes del show cuando en redes sociales publicaron una foto con la frase “Bringing la raja to Teatro La Cúpula” y no defraudaron: ayer, en el mismo escenario en el que hace tres años mostraron su mejor cara en Santiago, Foals volvió a protagonizar una noche inolvidable y a demostrar por qué por estos días son una de las mejores bandas para ver en vivo.


Periodista. Director de Melómanos Magazine (@ignaciosilvva).

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