Un Ride por Santiago

En el 2007, el líder de Termita Arturo Figueroa (hoy mitad del dúo Las Naves) gestionó el show de Mark Gardener en el Galpón Víctor Jara. Fue la primera vez en el país de un integrante de Ride, banda que este martes debutará -por fin- en Santiago, en el marco de Club Fauna. Acá Figueroa recuerda en primera persona la visita del británico, incluyendo paseos por la Plaza de Armas, comidas en el Mercado, perros callejeros y su impresión de los shows de dos bandas locales.

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La primera vez que escuché a los Ride en realidad fue en mi cabeza. Fue en 1990, cuando la única manera de acceder a cierto tipo de música era leyendo sobre ella e imaginándosela. Leía sobre ellos en la revista argentina Rock & Pop, en un artículo de la sección Lado B escrito por Pablo Schanton en el que metaforizaba los sonidos. Su manera de escribir era alucinante, hablaba de “desaparecer en el ruido” y cosas así (en la adolescencia, a veces uno solo quiere eso, desaparecer).

En alguna parte también debo haber leído que existían un par de tiendas que arrendaban discos compactos (mis padres recién trajeron un equipo a casa ese año) y así fue como llegué a una que estaba en Providencia, a la salida de Metro Los Leones, y que se llamaba La Vitrola. Fue todo un hallazgo para mí pues a partir de allí conocí, en 1991, no sólo el disco “Nowhere” de Ride (el de la portada oceánica que, claro, invita a perderse) sino que también pude conocer trabajos de My Bloody Valentine, The Pixies, Sonic Youth, The Jesus & Mary Chain, Catherine Wheel, Pale Saints, Boo Radleys, Slowdive y muchas otras. Arrendaba CDs porque no había dinero para comprarlos. Meses después, junté algo de dinero y me compré un casete del recién salido segundo disco de Ride (“Going blank again”, de marzo de 1992). Lo compré en la disquería Fusión, la de Carlos Fonseca.

En esa época estaba en plena enseñanza media y por supuesto que la corriente dominante en mi colegio no era precisamente el shoegaze británico, sino que el Top 20 de “Sábado taquilla” (TVN). Recién se empezaba a dar esa bocanada de aire fresco que fue la emergencia del llamado rock alternativo de los 90, pero que en el caso de lo que llegaba a Chile era sobre todo rock estadounidense mediado por el mainstream. Entonces, pasaba unos años de outsider –todos estos hallazgos ocurrían en soledad- y sólo con un par de amigos del curso (Ricardo y Javier, quienes poco después formarían la banda Solar) podía compartir algunas de esas músicas.

Si bien la banda madre de toda esa generación era My Bloody Valentine (y “Loveless” su obra maestra) siempre pensé que la que venía después era Ride. En el primer caso, parecían un grupo algo extraterrestre e inalcanzable y, en el caso de los de Oxford, uno los veía como jóvenes más cercanos. Por otro lado, la composición de Ride era más familiar, deudora de cierta manera de entender el pop de guitarras de los años 80, y yo sentía que ahí había influencias de grupos como Echo and The Bunnymen, The Church o The House of Love.

Ride se convirtió en pieza clave de la banda sonora de mi adolescencia, al punto que me animé a mandarles una carta a la dirección que aparecía en el CD. Y me respondieron, con información de su club de fans y con las letras de todos sus discos: un verdadero tesoro para alguien con dificultades para entender el inglés y, sobre todo, sumergido en capas de guitarras distorsionadas.

En el año 2007, me escribió una chilena que vivía en Oxford, cuyo nombre no recuerdo, para contarme que Mark Gardener –uno de los guitarristas y cantantes de Ride- iba a viajar a Buenos Aires acompañando a otra banda que se llamaba Rinocerose. Le había hablado de Chile, entonces me escribía para ver si yo como fan –nunca supe por qué ella sabía que yo lo era- podía hacer las gestiones para que él viniera a tocar como solista a Santiago. No lo dudé demasiado: me pareció una posibilidad alucinante. Aunque en ese momento no contaba con una gran estabilidad laboral ni financiera, rápidamente organicé un concierto en el Galpón Víctor Jara de Plaza Brasil. Quise darle el tenor de un un festival e invité a participar a unos emergentes Teleradio Donoso (me junté una tarde con Alex Anwandter para explicárselo todo) y también aproveché de tocar con mi grupo de entonces, que se llamaba Termita. Edmundo Veloso abrió la velada; gracias a su ayuda, pues habla inglés mucho mejor que yo, pudimos entretener a Mark y pasearlo por la ciudad durante las dos noches que se quedó en Santiago.

En ese momento, Gardener no era muy valorado ni tampoco el estilo de música de bandas como Ride. Aún faltaban años para el revival del sonido shoegaze.

A Mark, básicamente, le ofrecí quedarse en mi departamento en vez de un hotel y él accedió sin ningún problema. Cobró un fee por su show, más el pasaje Buenos Aires-Santiago y listo. Le llamaban mucho la atención los perros callejeros y se acercaba sin distinción a cualquiera que se encontrare en la calle. Caminó por Plaza de Armas y todo el casco histórico del centro, sacó muchísimas fotos, comió en el Mercado Central y también aprovechamos de llevarlo a ver bandas en vivo la noche previa a la suya. Fuimos al Living del Cine Arte Alameda donde se presentaba Javiera Mena (con quién yo había tocado años antes, en su etapa acústica, la de “Primeras composiciones”) pero a Mark no le gustó demasiado la impronta. Entonces, tuvimos la idea de llevarlo al entonces Club Mist, dónde iban a tocar los Perrosky, y ahí nos quedamos el resto de la noche porque le encantaron.

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El concierto estuvo buenísimo a pesar de lo austero de su set, ya que en ese momento Mark sólo tocaba con una guitarra electroacústica y una pedalera con la que hacía loops, tanto con su voz como con la propia guitarra. Hace no mucho tiempo él había editado un disco solista llamado “These beautiful ghosts” (2005) y la médula de la presentación fue esa. Por supuesto, tocó ‘Leave them all behind’, Drive blind’ y otros clásicos de Ride.

Creo que hice un mal cálculo respecto de la cantidad de gente que podía llegar, probablemente dado mi excesivo entusiasmo con su venida, En el galpón Víctor Jara cabían sobre 600 personas y llegaron menos de 200. No fue un negocio para mí, pero en términos de experiencia fue una ganancia absoluta. Seguro que quienes estuvieron ahí todavía atesoran ese momento.

*Ride debuta en Chile este martes 30 de abril, en una fecha enmarcada en Club Fauna en la que también estará Wild Nothing. Detalles en este enlace.

Por Arturo Figueroa


Escribiendo sobre música desde 2011 (@melomanosmag).

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