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La relación más sana de Dulce y Agraz

La relación más sana de Dulce y Agraz

La música penquista presenta mañana en Matucana 100 “Trino”, el disco que lanzó en noviembre y con el que debutó en largaduración. 11 canciones que, dice, la llevaron a cerrar procesos dolorosos de su vida y a sanar heridas. “Me ayudó a sanar la relación que tengo conmigo misma”, concluye.

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Daniela González llega unos 10 minutos tarde al café del Parque Bustamante donde sería la entrevista. Se disculpa y explica que han sido “días intensos”: además de una constante promoción en medios, la música de 20 años ha pasado las últimas semanas afinando los detalles del concierto con el que mañana en el Teatro Principal de Matucana 100 (y seis días después en el Teatro Regional del Bio Bio en Concepción) presentará “Trino”, el disco que lanzó el año pasado y con el que debutó en largaduración tres años después de irrumpir con su primer single como Dulce y Agraz.

“Es una producción propia, así que es mucho más trabajo”, puntualiza González antes de enumerar las características de un show que, además de ser planteado desde un formato electrónico (algo hasta hace poco inusual para la cantante), incorpora recursos como el mapping y las retroproyecciones, en los que ha estado trabajando con la artista visual María José Tapia.

Todo -explica- parte de una expansión conceptual que llegó a su proyecto con “Trino”. “Desde que lancé el EP mi intención siempre fue hacer un disco, y pasé por un gran periodo de tiempo en el que hacía canciones, canciones, canciones, canciones, y como que veía las canciones pero no veía el disco, porque no veía la unión del sonido entre cada canción. Pero llegó un periodo donde empecé a escribir canciones con la misma temática que me dieron como un concepto que es el concepto de “Trino” y ya, llegué a un disco en el que exploté sonido, en el que exploté concepto, en el que exploté una nueva forma de escribir, de cantar, de producir la voz, descubrí una nueva producción también porque es electrónica y es minimalista”, recuerda.

Luego continúa: “Es un trabajo nuevo y grande para mí, y ahora creo que la música no es sólo música, sino que se complementa con otras cosas. Todavía sigo poniéndole y cargándole extremidades a este disco”.

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CERRAR HERIDAS

“Trino” vio la luz el 9 de noviembre, el mismo día que otros discos relevantes de la música local (como “Norma” de Mon Laferte y el debut de Pillanes). Pero el proceso había empezado mucho antes en Concepción, la ciudad en la que Daniela nació en 1998 y en la que 16 años después comenzó su carrera como Dulce y Agraz.

“Empecé el disco en Conce, trabajando en sesiones periódicas en la casa del Dippel (Cristián, productor y ex tecladista de Niño Cohete) y en mi casa. Me acuerdo de una vez que estuve sin cama como tres semanas porque hicimos una sesión full de tres semanas”, relata González. “Después me vine a vivir a Santiago y seguí el disco en tres o cuatro piezas, más Triana y Estudios del Sur. Ahí fue cuando el disco se pegó un salto, en el sentido de que ya no eran maquetas, podía grabar por primera vez voces definitivas y dejar cosas listas. Hay gente que trabajaba todo para grabar el disco entero en una semana, pero yo lo grabé de verdad en dos años”.

Fue en ese lapso de tiempo que Dulce y Agraz, junto a Cristián Dippel y Juan Pablo Bello en la producción, dio forma al trabajo de 11 canciones que se escapan de lo que había mostrado en su homónimo EP debut, publicado en 2015. En primer lugar por el sonido: donde antes había composiciones orgánicas y acústicas, ahora hay una intención electrónica en la que beats y el trabajo de capas es preponderante.

“Eso se debe en parte a que cambié mi forma de componer. Hace un año y medio, quizás dos, que no escribo cosas en piano. Todo en este último tiempo se ha basado en lo electrónico. Los instrumentos físicos no fueron los que sostuvieron las canciones; fue la voz, que esta vez la traté como un instrumento”, explica González, que además reconoce la influencia de la colombiana Ela Minus durante el proceso.

Pero además del sonido, también hay una evolución de las letras que, dejando de lado la adolescencia, ahora muestran una cara más reflexiva (‘La Distancia’, ‘Bajo tus ojos’, ‘Ya no retoña’), introspectiva (‘No hay nada que temer’, ‘Ojos Cansados’, ‘Súbitamente’) y por momentos desesperanzada (‘No me alcanza’, ‘Duele’). “El EP lo escribí a los 13 años, obviamente es muy distinto escribir canciones a los 13 que a los 20. Este disco es más oscuro y me gusta que sea así, porque igual la gente tiene miedo a veces de conectar con sentimientos como el miedo, como la tristeza, como la oscuridad. No es malo, yo creo. Son normales”, explica la compositora.

-¿Fue complejo sumergirte en esos sentimientos?

-Fue un desafío. Yo creo que últimamente la gente romantiza demasiado la depresión, romantiza demasiado el ser atrapado y el ser nervioso y antisocial. Pero les da miedo conectar con esas cosas, hablarlas. A mí enfrentarlas me ayudó a sanarlas, Fue sanador y liberador. Y bueno, tampoco era sincero hacer otra cosa: de qué otra cosa iba a escribir si lo estaba pasando mal po. ¿Qué otras canciones iba a hacer? De verdad no podía hacer otra cosa; era muy difícil para mí hacer otro disco.

-Aparte de conectarte con los oscuro, también conectarte con momentos que no son tan agradables.

-Sí po. O sea, no sé qué pasa pero hay una sensación muy bacán y un trabajo interno muy bacán que ocurre cuando uno escribe las cosas. Por ejemplo me pasó que ‘Gregorio’, que es una canción que escribí a los 13 años para mi abuelo. Él era una persona muy importante en mi vida y murió de cáncer al estómago. No había tocado esa canción desde que la compuse, y cuando la grabé me dio mucha mucha pena. No podía dejar de llorar. De verdad sentí como que cerré ese proceso. Es cuático, pero verbalizar las cosas, escribirlas, es muy sanador. Hay temas, cosas de las que uno se acuerda y te duele la guata. Y como te duele la guata, lo evitai. Y como que estay mucho rato con ese dolor de guata, hasta que de repente lo decís, lo escribís, lo cantai, filo, y te deja de doler la guata; se convierte en otra cosa. Y en la medida en que me fui dando cuenta de eso, como que simplemente… no sé, escribí por cosas que me habían pasado recientemente, y luego fui pa atrás, pa atrás, pa atrás. Y se me pasó.

-Como que fuiste cerrando heridas.

-Sí (risas). Suena súper cliché, pero de verdad me pasó po. No pasa hasta que te pasa.

-Igual fuerte. Es como una terapia de shock, enfrentarlo.

-Pero enfrentarlo igual desde una cuestión bacán, ¿cachay? Si yo creo que mi relación más sana es la relación que tengo con la música (risas). Y me ayudó a sanar la relación que tengo conmigo misma. Entonces igual fue bacán.

UN MAIL

En abril de 2018, Princesa Alba presentó en el Festival Ruidosa un show con visuales que recalcaban los comentarios negativos que había recibido en YouTube el video de ‘Mi Only One’. Ese día, después de la prueba de sonido, Dulce y Agraz se la topó.

“Conversamos un rato, buena onda. Le dije que había encontrado muy bacán lo de las visuales. Pero de ahí no hablamos más hasta que me decidí a mandarle un mail”, relata la cantante revelando cómo se gestó la colaboración de ‘Nada que temer’, una de las canciones más arriesgadas de “Trino” (“mi intento más explícito de incorporar ritmos latinos”) y la muestra final de una intención por colaborar que se manifiesta a lo largo de todo el disco.

“Tenía muy patente la idea de generar colaboraciones. Si te gusta mucho mucho el trabajo de alguien, de verdad por qué no hacerlo; es tu proyecto, nadie te pone límites. Yo creo que los independientes sufrimos de muchas cosas, pero esas son las decisiones que te hacen sentir gratificada de tener tú la dirección artística, podís hacer lo que querai”, comenta González sobre una idea que materializó invitando a artistas como Natisú (‘Bajo tus ojos’), Yorka, Martina Lluvias y Kimi Burgos (‘Duele’). “También me pegué mucho con el disco de Men I Trust, que también es una referencia muy presente en el disco. Y ese disco tiene caleta de colaboraciones y encuentro que todas son bacanes, muy bacanes”.

-¿Qué hay detrás de que casi todas las colaboraciones en el disco sean de mujeres?

-Es que creo que con el movimiento feminista se ha generado un cambio muy bacán de mentalidad: ya no somos la competencia de la otra. Ahora todas nos contamos las cosas, nos damos consejos, y creo que desde que está esa comunicación, que viene desde que ya no somos competencia, han cambiado las cosas. Colaborar de verdad nos ha hecho mejores artistas, mejores personas, nos ha ayudado caleta.

-Hablando de colaboraciones, hace unas semanas lanzaste una versión de ‘No me alcanza’ con Francisco Victoria. ¿Se podría pensar en un futuro disco de colaboraciones?

-O sea, no sé. Igual me quedó un cachito de “Trino” que quiero conectar en un disco acústico y ojalá lanzarlo este año, no cuesta nada. No es tanto el trabajo de un disco, puede ser un EP, son cinco canciones. Ahí también tengo ganas de invitar gente. Son canciones que vienen de “Trino”. Podría ser un lado B. Igual, Siento que el imaginario de “Trino” es tan grande que de verdad no sé hasta dónde va a llegar. Me dan ganas de hacer muchas cosas, documentales, poemarios, qué sé yo. Quién sabe.

Ilustración: Dania Dumi


Periodista. Director de Melómanos Magazine (@ignaciosilvva).

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