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10 discos internacionales del primer semestre

10 discos internacionales del primer semestre

La primera mitad del año pasó especialmente rápido. Pese a ello, es innegable que esta temporada ha sido una de las más fructíferas de la última década en la música independiente. Es por ello que en Melómanos Magazine nos animamos a armar esta lista con 10 discos internacionales editados en 2019 que, más que los mejores, son -según nosotros- imperdibles. Es una selección que además puedes escuchar en esta playlist de Spotify y cuya lectura complementamos con una serie de ilustraciones de Dania Dumi.

¿Quieres recomendarnos algún álbum que acá no está? No dudes en dejarlo en los comentarios.

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TYLER, THE CREATOR – IGOR

El punto de quiebre llegó dos años antes. Con “Flower Boy”, Tyler, The Creator no sólo terminó por conquistar a público y crítica -logrando incluso una nominación al Grammy- sino que también se despojó de la imagen inmadura que lo perseguía desde su primer mixtape, mostrándose quizás por primera vez como un productor refinado y un letrista profundo y capaz de elaborar un emotivo relato descarnadamente personal. Por eso es que no resulta tan extraño que “IGOR”, el disco que el californiano lanzó por sorpresa a mediados de mayo, volviera sobre esos mismos pilares para llevarlos un paso más allá. Primero lo musical: como si se tratara de una pintura, Tyler utiliza sintetizadores, baterías análogas y programadas, guitarras y samples para elaborar un irresistible collage con retazos de electro-funk, r&b, soul y psicodelia. En las letras, el otrora cabeza de Odd Future vuelve a analizar su incapacidad para el amor narrando una historia que comienza con la idealización de una persona (‘EARFQUAKE’) a la que ama tanto que desea que deje a su novia por él (‘RUNNING OUT OF TIME’, ‘NEW MAGIC WAND’, ‘A BOY IS A GUN*’), aunque luego se da cuenta de su error (‘PUPPET’) y asume que lo mejor es agradecer y seguir adelante (‘GONE, GONE / THANK YOU’, ‘ARE WE STILL FRIENDS?’). Extraño y adictivo, “IGOR” termina siendo un disco tan único como su creador.

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STELLA DONNELLY – BEWARE OF THE DOGS

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“Esto no es el 93, ya perdiste tu lugar en este sitio”, canta Stella Donnelly en ‘Old Man’, la canción que da inicio a su anticipado disco debut y en donde hace un retrato de un hombre mayor abusivo. No es la única pieza de “Beware of the dogs” que vuelve sobre esa temática: ‘Boys will be boys’, sin ir más lejos, se ha transformado en todo un estandarte del movimiento #MeToo con su interpelación a un violador que destrozó la vida de una chica (“tu padre dice que eres inocente, que “la chicas se violan a sí mismas”). Pero en el sucesor del muy buen EP “Thrush Metal” hay más que sororidad y relatos de género; también hay relatos descarnados de amor (‘Mosquito’) y desamor (‘Allergies’) y fotografías de situaciones tan mundanas como las cenas familiares ‘Season’s Greetings’. Pese a que lo tiene todo para transformarse en la nueva referente de la camada de cantautoras femeninas, la canadiense no se imita ni en temáticas ni en formas: aunque a ratos sigue un camino que evoca a las guitarras noventeras -muy en la línea de Snail Mail, Donnelly busca otros caminos que la hacen una artista muy única y singular. “Beware of the dogs”, al final, parece ser sólo el inicio de su brillante camino.

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VAMPIRE WEEKEND – FATHER OF THE BRIDE

Se podía suponer hacer largo tiempo, pero nunca antes estuvo tan claro: más que una banda, Vampire Weekend es el proyecto personal de Ezra Koening. La prueba más potente de esa tesis es “Father of the Bride”, el postergado cuarto LP que los neoyorkinos editaron en mayo pasado a seis años del excelente “Modern Vampires of the City” (2013). A lo largo de las 18 (sí, dieciocho) canciones del álbum se van evidenciando destellos de la visión estética y la cosmovisión de Koening, desde la política ‘Harmony Hall’ hasta la reflexiva ‘2021’. Potenciado por la salida de su otrora contraparte creativa (el multiinstrumentista Rostam Batmanglij), el vocalista elabora acá un interesante contraste entre letras y sonidos donde melancolía se envuelve de optimismo y visceversa. En esa construcción lo acompaña una larga lista de colaboradores que, además del co-productor Ariel Rechtshaid y su esposa Danielle Haim, incluye a nombres estelares como Mark Ronson, Jenny Lewis, Dave Longstreth (Dirty Projectors). Ezra siempre se rodea de buenos amigos.

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TORO Y MOI – OUTER PEACE

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Luego de encabezar ese movimiento de electrónica de dormitorio bautizado chillwave y luego intentar relacionarse con las guitarras, Chaz Bundick se reconcilió con los beats. Aunque lo hizo de manera pragmática, primero llevándolos a su vertiente más experimental en “Boo Boo” (2017). En “Outer Peace”, sin embargo, parece haberlo asumido sin tapujos: desde el primer single ‘Freelance’, el de South Carolina dejó entrever que en éste, su sexto largo, la composición estaría centrada en la pista de baile. No podía ser de otra forma. Según ha relatado el propio Bundick, la inspiración del disco surgió de los DJ Set que ha estado realizando cada vez en mayor medida desde hace unos años. De ahí los ritmos mayormente up tempo de la placa (‘Laws of Universe’, ‘Who Am I’), aunque la búsqueda de texturas en sintetizadores análogos también ha dado como resultado piezas más introspectivas (‘New House’, ‘Monte Carlo’). Pese a sus diferencias, ambas caras combinan por un sello de producción que a estas alturas Bundick ya ha patentado, además de una temática que permea a todo el álbum y que guarda relación con la angustia de crecer en un mundo existista. Música para bailar y reflexionar.

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STEVE LACY – APOLLO XXI

Steve Lacy es, quizá, el personaje más llamativo del indie actual. Miembro esencial de The Internet, ha desarrollado desde temprana edad una carrera como productor que incluso lo llevó a colaborar con Kendrick Lamar en “DAMN.”, donde produjo la increíble ‘PRIDE.’ CON UN CELULAR. Pero lejos de esos merecidos focos, Lacy, trabajador incombustible, también ha estado componiendo canciones propias que ahora presenta bajo el título “APOLLO XXI”. Y bueno, es difícil creer que recién tenga 21 años porque al escuchar el disco queda claro que estamos frente a uno de los más grandes compositores de la nueva generación. Desde ‘Only If’, una pieza de un r&b exquisito complementado con un aire místico de una citara, el álbum expone un sonido único e inclasificable; futurista y retro; sexual y prodigioso. Vale la pena escuchar y re escuchar el funky contagioso de ‘Playground’ y llegar hasta la melancolía de ‘N Side’ para ser parte de una propuesta en la que el mensaje (amor libre, crisis generacional, sentirse fuera de la hegemonía en el 2019) llega a través de un sonido a la vez futurista y lo-fi.

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MORMOR – SOME PLACE ELSE

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Toronto no es sólo Drake. La cosmopolita ciudad canadiense también es la cuna de Seth Nyquist, multiinstrumentista conocido como MorMor que apenas el año pasado -y casi por accidente- comenzó a llamar la atención con el EP “Heaven’s Only Wishful”. Un año después vuelve con otro muy buen corto titulado “Some Place Else”, donde las credenciales expuestas en su trabajo anterior son empujadas un paso más adelante. Expuesto desde temprana edad por su familia a artistas tan diversos como Nirvana, Wu-Tang, The Beatles y Air, Nyquist aúna en su propuesta elementos que a primera vista podrían parecer disímiles. Así, por ejemplo, mientras en el homónimo primer track la suavidad del R&B se conjuga con texturas ambient, en ‘Outside’ el pulso electrónico es el que lleva la pista y en ‘Pass The Hours’ ese rol lo toma un riff de guitarra. La elegancia, eso sí, es la característica transversal de un sonido que -seguramente- hoy vive sus últimos días de desconocimiento.

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HELADO NEGRO -THIS IS HOW YOU SMILE

Con una carrera tan dilatada como la suya, no es fácil decir cuál disco es el mejor de Helado Negro. Pero en su universo, “This is how you smile’ sí tiene el valor de contar con una personalidad propia. El sexto álbum de Roberto Carlos Lange es una pieza onírica que se escapa de su cara más bailable o evidentemente sociopolítica para recalar en la introspección. Ya sea por las referencias líricas (‘Todo lo que me falta’) o por evocaciones sugerida por el sonido, las 12 piezas del trabajo son como un pasadizo a un puñado de sueños del compositor de origen ecuatoriano donde los hay cálidos (‘Imagining What to Do’), plácidos (‘Running’), atmosféricos (‘Fantasma Vaga’) y angustiantes (‘País Nublado’). Como dormir, el disco es reconfortante, placentero y a ratos sublime.

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SOLANGE – WHEN I GET HOME

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La narrativa dice que “When I Get Home”, el cuarto disco de Solange Knowles, tuvo como principal motivación un viaje que la artista hizo a su natal Houston, Texas. Eso, al menos, en lo lírico, porque en esa misma ciudad la música, nombre catalizador del pop afroamericano del último lustro y hermana menor de la popular Beyoncé, reveló que el álbum había sido creado bajo la influencia de un disco de Stevie Wonder, además de otros trabajos de Alice Coltrane, Steve Reich y Sun Ra. ¿Qué tienen que ver todos esos nombres? Asociados a las vertientes más experimentales de la música popular, todos han sacado brillo a recursos complejos como los patrones repetitivos y -a través de estos- la búsqueda de una cierta espiritualidad en el sonido. Teniendo eso en cuenta no es tan difícil comprender por qué “When I Get Home” es un disco tan desafiante: privilegiando el concepto y la experimentación, entre las 19 canciones del álbum se hace difícil encontrar algo parecido a un coro (tal vez haya algo de eso en ‘Almeda’ o ‘Stay Flo’) aunque, por el contrario, abundan las estructuras propositivas y un desprejuicio total que lleva al trabajo a terrenos tan disímiles que la propia autora ha definido como “soul sicodélico”, “trap new age” o “ funk onírico”. No hay estribillos, pero sí un sinfín de detalles en los que Knowles trabajó junto a una nómina estelar, entre la que figuran nombres como Standing on the Corner, Dev Hynes (Blood Orange), Metro Boomin, Panda Bear, Tyler The Creator y Pharrell. Una pieza altamente conceptual, ideal para escuchar completa y tantas veces como sea necesario.

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WEYES BLOOD – TITANIC RISING

“Titanic Rising” tiene una de esas portadas que no pasan desapercibidas. Flotando en medio de una habitación hundida, Natalie Mering se ve como si fuera parte del naufragio más famoso de la historia. Pero portada y título no son azar y se conjugan con la narrativa del disco: en sus 10 canciones Weyes Blood retrata el hundimiento de la sociedad actual a manos del capitalismo y el cambio climático. Aunque oscuro, el paisaje es escenificado acá de forma sublime, con una sonoridad que no sólo bebe del country pop, sino que también incorpora elementos barrocos y hasta psicodélicos como los sintetizadores cósmicos de la irresistible ‘Andromeda’. Mering suena y escribe como una compositora clásica (imposible no recordar a nombres como Joni Mitchell o The Carpenters) y de seguro el tiempo se encargará de posicionarla como una. Este disco así lo hace creer.

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THE NATIONAL – I AM EASY TO FIND

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Después de 20 años el futuro se veía incierto para The National. Pero la banda volvió a encontrar la inspiración casi de manera accidental cuando les encargaron el soundtrack de un corto. Tal fue el envión que terminaron componiendo no sólo el OST, sino también “I Am easy to Find”, el disco más extenso -y uno de los mejores- de su carrera. También es el más superior en lo lírico, una de las grandes cualidades del conjunto. Acompañado por su esposa, la novelista Carin Besser, Matt Berninger elabora un relato llevado por las complejidades de la vida adulta; desde la depresión (‘Quiet Light’) y el miedo a la soledad (‘You Had Your Soul With You’), hasta los conflictos de pareja (‘Oblivions’) y los problemas heredados de la juventud (‘Rylan’). Todo sobre un telón con predominio de texturas electrónicas pero que también tiene especial cuidado en los patrones rítmicos orgánicos y las guitarras, tal como lo habían mostrado en ‘Sleep Well Beast’ (2017). The National en estado puro.

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Ilustraciones: Dania Dumi


Periodista. Director de Melómanos Magazine (@ignaciosilvva).

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