Rosario Bléfari: Un refugio

La Agenda Buenos Aires

Miércoles
No me estoy sintiendo tan bien, me duele la cabeza, el corazón se esfuerza en bombear. Mi habitación es mi taller, mi sala de juegos, mi cueva. Todo transformado en una extensión guiada. Pero tuve que frenar para hacer ese enlace, esa especie de punto atrás que puede considerarse un período marcado. La quietud necesaria para mientras tanto trabajar en un nivel de programación y reprogramación interna de los materiales. Me entusiasma, es recolectar.

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Tuve la oportunidad de ver en vivo a Suárez y de escuchar en varias ocasiones a Rosario Bléfari; de escucharla cantar, escucharla leer, escucharla hablar y escucharla sonreír.

No debo hacer un gran esfuerzo para recordar la primera vez que la vi. Fue en el año 2011 en un lugar pequeño (Sala Máster). Había poca gente, en la entrada alguien vendía algunas cosas de Rosario y otras de otros artistas.

La noche iniciará con Fakuta & The Laura Palmers, se había anunciado que el show era acústico. En la entrada, esa sensación de hogar que entrega la Sala Master. Había guirnaldas de luces -como esas de Navidad, pero claras- en el suelo y asientos en forma circular. Ese año Rosario estaba en Chile porque pronto lanzaría su disco “Privilegio” y a su vez estaba siendo parte de una película que se estrenaría en el Festival de Cine de Valdivia.

El recital estuvo lleno de emociones y honestidad -dos palabras con las que podría describir el arte de Rosario Bléfari-. Todos los que estábamos presentes, estábamos embriagados por la luminosidad. Recuerdo que interpretó canciones de sus discos anteriores y luego recorrió algunos hits de Suárez en un formato distinto, sin todo ese ruido vertiginoso y envolvente que los caracterizaba.

“Estaciones” es uno de mis discos favoritos de Rosario y en ese concierto cantó la canción que le da nombre al álbum. Es ahí cuando escucho una oración que me viene acompañando mucho tiempo: “Si me equivoqué, mejor o peor, quién tiene acaso todo asegurado”. La había escuchado muchas veces, sí, pero al escucharla en vivo sentí ese momento que muchas veces buscas, ese momento donde todo se te aclara un poco y dices “bueno, ya está”. Ese momento en que no sabes qué hacer y le escribes a una amiga para saber qué opina y te dice «está bien, todo estará bien… por lo demás, si te equivocaste, ¿quién no se ha equivocado?».

Rosario Bléfari: El refugio

Discos y setlist autografiados. Foto: Dania Dumi

Al terminar el concierto, esperé a un lado y luego me acerqué. Le pedí a Rosario que me firmara unos discos y me dijo «claro». Los saqué de mi mochila y estalló en risa: «¿Dónde conseguiste todos los discos»?, preguntó. Y no paraba de reír. Me dio las gracias por tenerlos y me dijo: «Es que vos y yo tenemos que hablar más». Siempre sonriendo. Y luego, con esa naturalidad y cercanía que siempre irradiaba, nos empezamos a seguir en Facebook y a comentar una que otra cosa.

Su voz, letras, libros, cuentos y películas son parte de mi refugio. Ese lugar que muchos conocemos como el espacio que creamos en las artes y que en más de una ocasión se transforma en nuestro hogar. Su música en mi vida tiene el poder de teletransportarme a diferentes años, cómo al 2011, donde fue la primera vez que escuché estos discos en vivo. Y como un efecto especial salido de una serie de los 80, bastan un par de chasquidos para viajar a otro año, al 2013, donde esta vez Marineros es la banda que antecedía a Rosario Bléfari en el Teatro del Puente.

La postal es hermosa: de fondo el sonido del Río Mapocho, en el centro Rosario, alrededor nosotros, yo con la cámara en la mano grabando cómo nos indica cómo cantar una canción con ella, haciendo los coros, los bajos y altos de ‘Vidrieras’. “Debe ser un día muy especial, caminando por la ciudad”, luego todos en las voces en el coro.

Esta fue mi opción de afrontar este lunes, mediante este súper poder de ir y venir de recuerdos en recuerdos que me otorgó una persona como Rosario.

En “Mis Ejemplos”, libro que reúne cuentos escritos por Rosario en el año 2016, hay uno que se llama “Cenicero”. En un extracto de éste dice: “Es que no se trata de lo que pasa en realidad, no se trata sobre nada de lo que pasa ni de lo que vemos, no son la ciudad ni siquiera el mar, soy yo, soy yo fabricando este suplemento de la felicidad de esta manera para compartirlo con vos”. ‘Vidrieras’ continúa con un: “pero a casa no vas a volver”.

En este hogar que construiste, Rosario, en tantas personas, siempre te estaremos recordando, siempre te estaremos esperando. Gracias, Rosario.

Foto: Santiago Filipuzzi


Diseñadora Gráfica, experta en listas y creadora de @1515playlist (@daniadumi).

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