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De Chayanne Constituyente a pepe Aguilar: La música de soa y su revalorización metamoderna

No me siento cómodo usando el concepto de “soa”. Es un término injusto, que perpetúa la idea de que las labores domésticas y de cuidado son exclusivamente femeninas, y en general cargado de demasiadas connotaciones negativas y prácticamente ninguna positiva. Pero, al mismo tiempo, es una categoría ampliamente entendida por todos, y en realidad hasta el momento no ha aparecido otro rótulo que lo reemplace, así que por esta vez lo usaré… de mala gana.

A quienes tenemos veintimuchos o treinta y pocos la música de soa nos encontró en un tiempo en el que renegar de ella tenía todo el sentido del mundo: fue la época en la que, como adolescentes, teníamos el impulso natural de rebelarnos contra todo lo que tuviera olor a adulto. Y después de todo, ¿qué más adulto que la música romántica que escuchaban nuestras madres y abuelas?

Una mentalidad, por lo demás, muy ad hoc al pesimismo posmoderno: «nada es real, de qué sirve vivir, no hay esperanza, usted está mal, todo este maldito sistema está mal, ¡AAAH!».

Pero ahora estamos en el 2020. Han cambiado los tiempos y hemos cambiado nosotros.

No sería responsable decir que las estructuras han desaparecido por completo. Siguen ahí, sin duda. Es solo que ya no son las mismas; han mutado.

Mientras que en campos como el de la política las estructuras ideológicas han tendido a endurecerse y polarizarse, en la cultura popular las líneas divisorias se han ido diluyendo rápidamente, acercándose bastante a la plena libertad individual. Sí, nuestro consumo cultural todavía está normado en gran medida por nuestras características socioeconómicas, pero ya no hay tribus urbanas a las que tengamos que rendir cuentas por la música que escuchamos. No tenemos que demostrar que somos “true”, y en la mayoría de los casos cada quien puede ver y escuchar la hueá que se le pare la raja sin miedo a consecuencias.

Somos gente adulta y, como tales, podemos transitar entre paradigmas que en el pasado podrían haberse visto como excluyentes entre sí: como los seres complejos que somos, perfectamente podemos rendirle culto a Juan Gabriel, y al momento siguiente publicar un post de dos mil caracteres sobre lo nefasto que es el amor romántico. Estamos grandes para andar escondiendo nuestras propias grietas, después de todo. Todos necesitamos ir a bailar sin fin en el Noa Noa de vez en cuando, y está bien que así sea. No somos de fierro.

Esta fluctuación libre entre categorías “contradictorias” es la característica central de esta nueva visión de mundo, la del metamodernismo.

Wait… What?!

Luego de que la visión modernista nos dijera a principios del siglo XX que la racionalidad científica y el progreso eran los caminos a seguir, y luego de que el posmodernismo surgiera como una pesimista pero entendible respuesta a los estragos y promesas rotas que este progreso trajo, el metamodernismo viene como una respuesta de punto medio. Ya no aferrándose a ninguno de los dos polos, sino aceptando la naturaleza contradictoria de nuestro mundo y navegando en ella.

El metamodernismo viene a buscar una síntesis. A dar cara entre el auténtico deseo de mejorar el mundo y la desesperanzadora revelación de que nada de lo que hagamos tiene sentido.

En palabras del crítico y académico Fabio Vittorini, el metamodernismo puede ser visto como «un movimiento similar a un péndulo entre el ingenuo y/o fanático idealismo del modernismo y el escéptico y/o apático pragmatismo del posmodernismo».

Mientras que el modernismo buscaba crear algo completamente nuevo, el posmodernismo buscaba deconstruir el pasado y renegar del futuro a través de la ironía. Pero siempre a través de una ironía negativa, esa que desmantela la hipocresía del mundo, pero no hace nada por mejorarla.

El metamodernismo, en cambio, recoge el pasado y lo reformula para crear algo nuevo. Lo remixea, lo amplía a través del fanfiction, lo convierte en memes o en videos de TikTok, utilizando también la ironía, pero en este caso como un vehículo para transmitir mensajes sinceros.

¿Y qué tiene que ver la música de soa con todo esto? Pues, la “música de soa” no es solo música. Es una gran categoría bajo cuyo alero se extienden un sinnúmero de memes.

Sí, m e m e s…

Entendiendo los memes bajo la definición del biólogo Richard Dawkins (1976), en la que los “memes” son a la cultura lo que los “genes” son a la biología, un meme puede ser cualquier idea o concepto que pueda ser traspasado de una persona a otra, con la posibilidad de transformarse o “mutar” en el proceso.

Cuando hablamos de Chayanne no nos estamos refiriendo a Elmer Figueroa Arce, la persona. Nos estamos refiriendo a la idea de Chayanne, a lo que él representa, a los rasgos y atributos que asociamos con su figura. A los cuarenta y pico años que lleva presente en nuestra mente colectiva.

Y ese es uno de los factores clave: el tiempo.

El tiempo es el que termina de asentar los memes en nuestra cultura. El tiempo es el que ha consolidado a los grandes cantantes románticos, poniendo a los ídolos de culto por un lado, y a Alberto Plaza por el otro.

Por eso tiene sentido que sea Chayanne quien, figurativamente, nos explique los pormenores del Proceso Constituyente. No es que Elmer Figueroa Arce sea un cientista político experto en el tema. Sabemos, en el fondo, que no es él quien “habla” en los memes de Instagram. Pero nos hace sentido que el mensaje de empoderamiento colectivo y solidaridad social sea transmitido por un ídolo común, una figura encantadora y carismática a la que todos amamos, como es Chayanne.

Pero los memes pueden ser algo más abstracto que la figura misma de la persona. Pueden ser un sentimiento, un mood. Formas propias en las que un determinado género musical expresa el amor y el desamor.

Cuando Pepe Aguilar toma la canción ‘Porque yo te amo’, popularizada por Sandro, no solo está haciendo un cover. Está recogiendo el meme que hay detrás, el sentimiento desgarrado de quien anhela esos labios de rubí, y lo sobreactúa, lo lleva a una exageración que bordea lo kitsch y sin embargo, fuera de banalizar su mensaje, lo refuerza. Es la presentación del meme de acuerdo a los cánones estéticos del 2020: frontal, explícito, saturado de colores y a alto volumen. Tomar lo que se hizo en el pasado y reformularlo para crear algo nuevo con sinceridad. Metamoderno a cagarse.

Por Martín Poblete


Escribiendo sobre música desde 2011 (@melomanosmag).

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