Turnover – Good Nature (2017)

Hace dos años, Turnover lanzaba “Peripheral Vision”, un segundo LP que los pondría en el centro de atención. Con un sonido suave pero vertiginoso y a ratos angustiante, el álbum condensaba las necesidades de jóvenes que buscaban desesperados un consuelo en la música, esa que pareciera estar compuesta en los rincones de una habitación tapadas en fotos y recuerdos amorosos. Hace una semana, Turnover volvió al foco de la prensa y sus fanáticos.

“Good Nature” se titula su tercer largaduración, donde en 11 canciones construyen un camino que evidencia un temple distinto. Desde su introducción con ‘Super natural’, primer single del disco, la banda originaria de Virginia se sumerge en la ensoñación con un nuevo humor. Trabajando el dream pop y el indie rock, la agrupación liderada por Austin Getz (voz, guitarra) se inclinó por un sonido más cálido que sus proyectos anteriores, donde emana un optimismo en cada nota y palabra.

‘What got in the way’, ‘Curiosity’ y ‘Breeze’ son ejemplos de lo mismo, todos temas que recurren a ritmos rápidos e intensos, quizás más similares a los que veníamos escuchando de los estadounidenses. Pero ‘Sunshine type’ y ‘Pure devotion’ juegan un rol clave en la lectura del álbum. Quebrando el estilo habitual de la banda, las influencias en “Good Nature” se vuelven mucho más suaves y tranquilas, alejándose de esos torbellinos delirantes de las guitarras para dar paso a cierres redondos en cada canción.

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Austin Getz grabando “Good Nature”. Foto: Facebook.

Resulta, entonces, una jugada arriesgada. El éxito tras “Peripheral Vision” se debió justamente a ese elemento pseudodestructivo manifestado en ‘New scream’, ‘Hello euphoria’ o ‘Dizzy on the comedown’. Pero esto no desaparece en su último lanzamiento.

La nostalgia sigue latente, esa pena por haber perdido lo más preciado, entender la ausencia y vivir mirando hacia el pasado. Constituido como su sello, Turnover transforma el contenido para dar forma a una placa con las medidas justas de amor y desamor, de tristeza y alegría, buscando así el equilibrio.

Razones hay muchas, desde una madurez en la composición musical hasta un cambio radical en la perspectiva de Getz. Aun así, Turnover mantiene su esencia y nos sigue hablando de romances adolescentes, de la interminable búsqueda de la felicidad y de los tropiezos que eso significa, sólo que esta vez bajo un nuevo clima.


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