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Bonobo: La maleabilidad de la electrónica

Bonobo: La maleabilidad de la electrónica

Bonobo en Chile
Viernes 23 de marzo, Teatro La Cúpula
Fauna Prod

Lo del viernes fue un viaje a través de constantes vaivenes musicales, como esas noches eternas que van desde la introspección a la euforia y de la melancolía al desenfreno. De eso y más es capaz Bonobo (Simon Green), productor británico que se presentó con banda en el Teatro La Cúpula del Parque O’Higgins.

¿La excusa? Su ultimo álbum de estudio “Migration” (2017), placa alabada y considerada uno de los lanzamientos de música electrónica más importantes del año pasado y nominado en dos categorías al Grammy 2018: Mejor disco electrónico y Mejor grabación Dance, sin adjudicárselo. También era la oportunidad de tocar por segunda vez en Santiago y primera con la formación completa, en el marco de una gira latinoamericana que lo llevó a Argentina, Colombia y Brasil.

Bonobo le dio play a un repertorio equilibrado que manejaba la energía en su justa medida, con momentos para perderse al ritmo del dance, otros que sumergían en la atmósfera del ambient y el downtempo, como también las potentes frases de rock que en varias oportunidades llegaron para descolocar la fiesta.

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Foto: Mathias Gantz

No tiene mucho sentido describir canción por canción lo que en realidad fue un todo, una masa de emociones desatadas tras un par de clicks o bases programadas. Sí vale la pena destacar las intervenciones sutiles e hipnóticas de la cantante británica Szjerdene que, envuelta en luces, logró construir escenas de calma y relajación con su celestial estilo vocal.

En el recinto de Parque O’Higgins se vio una mentalidad electrónica. El formato de banda le permitió demostrar su capacidad como compositor, esa visión idónea para orquestar lo que fue concebido entre computadores y cables. Aquí se demuestra que la música electrónica es tan maleable que no se puede encasillar en el uso de beats y samplers, porque son solo recursos para encarnar una idea. Fue lo más parecido a la versión “acústica” de Bonobo, más allá de su clásico paisaje envolvente, repleto de texturas y capas de sonidos.

A minutos de haber concluido el concierto, Simon Green volvió a salir en escena para reunirse con los más fanáticos, esperanzados y aún prendidos, que todavía no abandonaban el recinto. Paciente y espontáneo, se sacó fotos con todos lo que quisieron obtener la selfie de rigor e incluso entabló un par de fugaces conversaciones con los más entusiastas. En suma, cerró con calidez su segunda visita y afianzó su vínculo con el público chileno.

Foto: Claudia Jaime


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