El libro abierto de Yorka

La banda encabezada por Yorka y Daniela Pastenes lanza esta tarde en Matucana 100 “Humo”, un disco íntimo y confesional nacido tras una crisis. Acá sus entretelones.

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El primer capítulo comenzó hace dos años, en 2016. Por ese entonces Yorka Pastenes tenía 25 años y atravesaba una crisis personal que terminaría transformándose en fuente de inspiración.

“Era una crisis personal, no era ni laboral ni nada anexo a mí. Había terminado una relación de años, que creo que era la relación más importante que había tenido en mi vida. En eso se murió mi tío; onda el tío de mi vida. Además estaba trabajando en el mismo colegio en que estudié, y todo eso hizo que quisiera renunciar porque estaba chata. Mi vida no estaba andando muy bien, pero ese fue el punto de partida”, resume ahora la música, mientras bebe un capuchino en un café del Barrio Italia.

En efecto, ese periodo fue el punto de partida de “Humo”, el disco que Yorka lanzó en julio bajo etiqueta Beast Discos y el tercero del proyecto bautizado con su nombre que comenzó como un esfuerzo solista en 2011 y que luego mutó como una banda también encabezada por Daniela, su hermana. Hoy, dos meses después de presentarlo en formato digital, lo lanzarán con un show en el teatro principal de Matucana 100 (entradas en este enlace).

CAPITULO 2: 20

En medio de la crisis, Yorka puso 20 números en la pizarra de su pieza. Días antes había empezado a componer nuevas canciones y sabía que se venían más. “Cachaba que se venía un disco porque ya habían pasado dos años desde “Imperio”, así que escribí esos números como para ponerme un límite y un objetivo, muy caballito de carrera”, recuerda.

-“Entonces estaban pasando todas estas cosas en mi vida y, no sé, cada vez que se podía presentar una oportunidad componía. Aparte como estaba sola, estaba soltera, yo creo que tenía tiempo; si pololear quita mucho tiempo. La hueá es que me acuerdo de muchas noches en mi pieza conmigo. Entonces me puse a componer sobre lo que sentía: si un día me sentía mal, componía sobre eso”.

Las 20 canciones llegaron y, pese a ser un número abultado, decidió sólo omitir cuatro de ellas. “Las otras no las pude sacar, me gustaban mucho”, explica. “Humo” ya tenía forma. De hecho, las 16 canciones que quedaron en el álbum estaban listas ya en mayo del año pasado.

-Fuimos a grabar las maquetas a una casa en Paine. Fue como una aventurita. Un amigo nos prestó su casa en un campo y nos fuimos con la banda, la sonidista y dos fotógrafos. En un living montamos la batería, las guitarras. Los amplis de las guitarras, ponte tú, los pusimos en las piezas y todo eso lo conectamos con audífonos para grabar, porque si tirábamos todo junto las voces por ejemplo no las íbamos a poder grabar. Y grabamos todas las canciones, algunas no estaban ni listas. De hecho había algunas que ni existían, las hicimos ahí. Fue bacán.

“Humo” es un disco extenso, pero de matices. En la visión de la propia Yorka hay, de hecho, dos partes en él: una introspectiva y acústica, y otra con banda fuertemente influenciada por la música latinoamericana. “Durante el proceso estuve rayando con muchas cosas y siento que le saqué el rollo a Latinoamérica, en general”, explica.

-¿Rayaste porque estabas escuchando cosas de acá?

-Sí, yo creo que sí. Me llegó una loca de Colombia que se llama Elsa y El Mar, me llegó Vanessa Zamora de México, la Julieta Venegas había sacado un disco, la Natalia Lafourcade también. Empecé a escuchar a un loco que se llama Mateo Kingman que es de Ecuador. La Violeta Parra también llegó a mi vida tardíamente. Fue como una mezcla de cosas que me hizo entender que nosotros como latinoamericanos no necesitamos tanto del mercado gringo o del mercado europeo. Si fuésemos lo suficientemente organizados podríamos vivir de nuestra música en nuestro propio mercado latinoamericano, viajando entre Perú, Argentina, México, Colombia. Si nosotros hablamos español, ¿cachay? Nos entenderíamos.

-Y eso se manifestó también en las canciones.

-Es que me fui en esa. Y me gustó mucho porque estos artistas tenían su identidad en las canciones. Así, por ejemplo, hicimos una canción que estaba media bailaíta entonces, ya, ‘Paseíto’. Y fue como “pongámosle estas guitarras de Caloncho y Bomba Estéreo y la Mariel Mariel, que aparece. Mezclemos todo eso y veamos qué pasa”. También hay algo de transformación. Pasaron muchas cosas en mi vida que hicieron que me transformara en otra persona. Cuando compusimos ‘Humo’ fue súper heavy porque empezó a salir un trote. Yo nunca había compuesto algo folclórico, pero dije “ah ya, filo, que venga, que salga lo que tenga que salir”. De ahí empezaron a salir como tres o cuatro canciones más con un poco de raíz y me gustaban po, entonces me decidí por agregar eso.

-Suena a un proceso súper melómano.

-Tiene mucho que ver con escuchar música, a mí me encanta escuchar música. Es que tenís que escuchar porque aprendís caleta po. A mí me gusta harto escuchar la última canción que salió, el último disco que salió; ir viendo y consumiendo cosas.

-¿Cómo llegaste a toda esa música latinoamericana?

-Se me empezaron a aparecer en las listas de Spotify. Spotify me ayudó mucho a hacer este disco (risas).

-Hablas de música latinoamericana, pero acá ¿te sientes parte de alguna escena?

Sí, pero mucho más de la escena solista que de la indie o pop, que son las otras con las que coqueteo. He intentado mucho entrar en las otras, pero siempre me he sentido muy la compañera de curso que quiere ser amiga de todos pero no la pescan. Hasta que empecé a compartir con el Benjamín Walker, que lo admiro un montón y se ha transformado en mi amigo. Ahí empezamos a conocer más solistas, como la Martina Lluvias y la Niña Tormenta; por ahí me siento más representada que por las bandas. Como que en verdad casi ninguna banda me ha pescado mucho.

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Daniela y Yorka. Foto: Mila Belén.

CAPITULO 3: COMUNIDAD

El proceso de gestación de “Humo” también fue el de la consolidación de Yorka, la banda. Todo venía de 2015, cuando Pastenes sumó a su hermana Daniela a “Imperio”, el segundo disco del proyecto que lanzó ese año.

“Ella había entrado antes, pero a hacer coros y pasaba muy piola. El asunto es que empezamos a cachar que el sello, la gracia que teníamos, era lo que se producía cuando cantábamos juntas. Entonces fue como ya, si en verdad el alma de este grupo somos nosotras dos, por qué no potenciamos eso”, resume Yorka sobre una característica que en “Humo” llevó al extremo de que casi la totalidad de las canciones están cantadas al unísono.

Luego agrega: “Pero el nombre no lo cambiamos, entonces, claro, toda la gente me pregunta si la Daniela no está celosa de que el grupo se llame como yo o por qué no le cambiamos el nombre al grupo. Y a veces pienso que tal vez si le hubiésemos cambiado el nombre al grupo y hubiésemos empezado de nuevo como dúo, a lo mejor hubiese sido una buena jugada. No lo sé, como los Ases Falsos. Pero el nombre es el nombre de mi abuela, es el nombre de mi mamá y es un nombre que igual representa cosas importantes en nuestra familia, así que decidimos que se quedara”.

-¿Cómo ha sido eso de estar en una banda con tu hermana?

-Es bacán, es bacán, mil veces más bacán de lo malo que es. Las peleas que tenemos siempre son por cosas estúpidas, más de hermanas que de personas que trabajan juntas. Porque como compañeras de trabajo, yo encuentro que la Daniela es maravillosa. Y claro, tenemos nuestras irresponsabilidades, pero no, es bacán. Encuentro que nos hemos fortalecido mucho como hermanas. Creo que mi hermana es la persona más importante de mi vida, si ella no estuviera me voy a la chucha.

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También hubo cambios en la banda. Tras la salida de todos los miembros anteriores, Yorka tuvo que reunir a un nuevo grupo de músicos que quedó formado por Francisco Ugarte en el bajo y Matías Petersen en la batería. La vacante más compleja de llenar fue la del guitarrista: luego de tocar por un periodo breve con Mauricio Campos (La Moral Distraída), Pastenes estuvo por meses buscando a un músico ideal para el puesto. “Estuvimos dos meses buscando guitarrista, haciendo casting. Onda, dos meses escuchando tus canciones con guitarristas diferentes hasta elegir a uno que te gustara, pero ninguno me llenaba el corazón”, recuerda.

Hasta que Pablo Jara Ramos se cruzó en su camino.

-¿Cómo pasó eso?

-En eso fui a Fluvial. Estaba viendo a las bandas que tocaban en el festival y de repente estaba tocando el Álvaro Zambrano, y veo al Pablo tocando. Lo vi y pensé “hueón seco”. Me encantó. Les escribí a los cabros al whatsapp. Puse: “hueón, acabo de encontrar al guitarrista”. Todos me preguntaron qué me había dicho, y yo les dije “no sé, no lo conozco”. Después fui a una tocata en la noche y él estaba en la barra, muy película. Me acerqué a él y le dije “hola, cómo estay” y hueá. Le dije que quería que tocara conmigo, que escuchara mi banda, y me dijo que ya la cachaba. Ahí hicimos los castings y se puso a tocar con nosotros.

En paralelo, Pastenes reunió un equipo de trabajo centrado en la producción que terminó de tomar forma a fines del año pasado, cuando conoció a Gonzalo González, un reputado productor e ingeniero en sonido que terminó siendo fundamental en el disco. Fue él, de hecho, quien invitó a la banda a grabar a CHT, el estudio de su propiedad y el primero de características profesionales en el que trabajaban.

-¿Cómo estuvo esa experiencia?

-Es que el Chalo, el loco es demasiado comprensivo. Tiene carrera, tiene un currículum importante. O sea, ha tratado con Álvaro Henríquez, con Jorge González. Entonces en verdad él ya viene de vuelta, tiene construida una casa a la vuelta y un estudio de grabación, y fue como “ya, lo que ustedes quieran yo lo voy a hacer, y voy a sugerir cosas”.

-¿Y cómo fue que lo conociste?

-Por el Ruidosa. Él estaba a cargo de toda la producción técnica del Ruidosa, entonces entre eso nos cruzamos en un pasillo. Yo estaba cotizando estudios, me acerqué a él y le dije “oye Chalo, quería hablar contigo”. Y él me dice: “yo quiero hablar contigo”. Ahí nos juntamos a hablar y me dijo que había estado escuchando mi trabajo y que tenía ganas de que trabajáramos juntos.

-¡No! Pero es como otra escena de película.

-Sí, es mi película. He estado haciendo mi propia película.

CAPÍTULO 4: ZONA DE CONFORT

La grabación de “Humo” implicó un desafío en sí misma. Si tanto “Canciones en pijama” (2013) como “Imperio” (2015), los dos trabajos anteriores de Yorka, habían sido registrados por pistas en su home studio, esta vez el disco iba a ser grabado en un estudio profesional y en vivo.

“Grabamos 14 canciones en seis días. Y eso se separa en 28 sesiones, porque las voces se graban por separado. Fue brígido, pero quería ponerme ese desafío”, resume Pastenes.

-¿Había un rollo sonoro en eso?

-Sí po, todo el rato. Ya había grabado por separado en home studio y quería otra cosa, quería probar, y me había pasado harto que mucha gente comentaba que cuando nos iban a ver en vivo sonaba diferente al disco. Y a pesar de que me gustan mucho los discos, sentía que era importante plasmar lo más sinceramente lo que pasa en el escenario con estas nuevas canciones. También hay una razón más hippie que siempre la explico con el ejemplo del “Guitar Hero”, cuando jugai y le achuntai, le achuntai, le achuntai y de repente se prende esa luz. Yo siento que la música funciona así. Como que cuando estamos todos tocando y de repente todo funciona y todo fluye, el tema se prende. Y me imaginaba registrando un tema así, en el momento en que todo se prende, se ilumina. Me enloquecí con esa idea, quería hacer que la música funcionara en su expresión máxima, todos tocando y concentrados en esa energía.

-¿Y te gustó el resultado?

-Me gusta caleta. O sea, dentro de todo, hicimos como cinco tomas por tema y de esas cinco tomas elegimos la que más nos gustaba y si había errores o cositas, como estudiamos con click, se parchaba. Las voces lo mismo, hicimos cinco tomas. Con la Daniela estábamos súper enfermas, al borde de la influenza. Fue horrible, porque no podíamos correr la grabación. Entonces grabamos cinco tomas e hicimos una cirugía de cuerpo y alma. Hasta que armamos un Frankestein en el que no se notaba que estamos tan gangosas ni enfermas.

-O sea estaban mal.

-Sí, hasta las cachas. Súper refriás. Con la Daniela cada vez que íbamos a grabar una canción nos tomábamos un Tapsin día, una botellita chica de whisky, Mentholatum, confort, todo lleno de papeles. Estábamos súper enfermas, pero dándolo todo.

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El complejo proceso de grabación del disco es, en la práctica, fruto de una actitud recurrente que Yorka explica en una frase:

-Me gusta ponerme desafíos, como que me gusta incomodarme y salir de mi zona de confort. Es como que ya, estoy bien, entonces salto. No sé si lo hago conscientemente, es como que me doy cuenta después de que me puse en la situación incómoda otra vez. Es como ¿por qué quiero tocar delante de 500 persona? ¿Por qué? Bueno, ya lo hice y tengo que ir y enfrentarme a la hueá.

Lo de las 500 personas es literal y hace referencia al lanzamiento de esta tarde en el teatro principal de Matucana 100, el escenario de mayor envergadura que haya pisado la música y su banda a la fecha en solitario.

-Igual este concierto es una prueba de que han cambiado hartas cosas en estos años. ¿Cómo te lo imaginas para adelante?

-Me imagino una estatua en la plaza de San Bernardo (risas).

-Claro, las llaves de la comuna.

-Claro, que el Cerro Chena diga mi nombre. No, principalmente espero que este disco cause cosas en las personas. Buenas o malas, pero que las cause. Espero que llegue, siento que es un disco largo, por ahí no quisimos hacerla fácil. “Escucha siete canciones y ve si te gusta”. No, escucha 16. Por ahí siento que es volver al concepto de hacer un disco que tenga un principio y un final y que conecte entre sí. Lo mismo también es pensando en una proyección de años de promocionarlo, ¿cachay? Onda, yo igual me imagino fácil dos años tocando estas canciones.

-No te quieres apurar en sacar otro.

-No, pa ná, este salió hace menos de un mes. Además que la composición en mi vida ha parado. No estoy componiendo, he estado muy preocupada de esto y no he compuesto. O puede que no tenga tanta pena, quizás compongo cuando estoy más en crisis.

-¿Te pasa en general eso?

Sí, me pasa harto. En la crisis soy una persona súper creativa y constructiva, pero en mi estabilidad me cuesta ser artista, compositora.

-Bueno, este disco es fruto de una crisis.

-Al final este disco es como un libro para mí. Es como un álbum de fotos, es como una historia que se cuenta desde que estoy en la derrota misma, en el lado de la perdedora que me sentía. Es súper heavy que no te enseñan a sentirte mal, no te enseñan a perder, no te enseñan a analizar los fracasos. Al final es bacán que te pasen estas cosas.

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Fotos: Mila Belén


Periodista. Director de Melómanos Magazine (@ignaciosilvva).

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